El sistema nervioso y el alcohol son incompatibles


Todo lo que somos depende del funcionamiento preciso y bien regulado de nuestro sistema nervioso. Sorprende, por tanto, la permisividad existente, la negligencia terrible de la que hacen gala muchos padres y responsables públicos en lo que se refiere al alcohol y sus efectos sobre la salud cerebral. El consumo de alcohol es un grave riesgo para el bienestar de los niños y jóvenes debido, principalmente, al hecho de que son más vulnerables que los adultos, ya que el sistema nervioso todavía está en desarrollo y aquellas partes responsables del control de impulsos y de la toma de decisiones, en definitiva, el cerebro social, todavía no alcanzarán el pleno rendimiento hasta pasados los veinte años.

Durante la adolescencia, el consumo de alcohol daña partes clave del cerebro como las áreas responsables de la lógica, el razonamiento, el autocontrol y el juicio y, además, afecta a las zonas relacionadas con el aprendizaje y la memoria. Efectos de graves consecuencias cuando miramos hacia el futuro, porque más allá del daño agudo abona las posibilidades de una juventud desestructurada, los conflictos sociales y familiares, la conexión con otras drogas y, a la postre, una peor integración social y laboral.

Ha tenido que ser una desgracia, otra vez, la que nos ha centrado en un asunto que viene de lejos y es un claro problema de salud pública, convivencia urbana y educación, y que nos recuerda que el futuro puede ser muy frágil si no se apuntala el presente.

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