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Dejar de fumar mejora el estado de ánimo y reduce la depresión

Un estudio constata la mejoría en pacientes gallegos

REDACCIÓN / LA VOZ, 05 de febrero de 2016. Actualizado a las 05:00 h. 7

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Insomnio, bajo estado de ánimo, ansiedad, exageradas ganas de comer, irritabilidad, sintomatología depresiva... Este es el particular via crucis que atraviesan las personas que empiezan a dejar de fumar, una fase crítica que no todos superan. Y no lo hacen porque, además de la dependencia fisiológica, psicológica y social que genera el tabaco, la nicotina actúa como un potente antidepresivo. Pero controlar estos síntomas es algo que puede hacerse, en especial para aquellos a los que les cuesta más, mediante una terapia psicológica que ayuda al paciente a hacerles frente.

Y el resultado es más que satisfactorio: los que logran mantener la abstinencia al cabo de un año no solo superan la sintomatología depresiva de las primeras fases del tratamiento, sino que mejoran su estado de ánimo y se sienten mucho mejor incluso que antes de dejar de fumar. No solo desde el punto de vista físico, sino también psicológico.

Es lo que revela un estudio dirigido por la Unidade de Tabaquismo e Trastornos Aditivos de la Facultad de Psiciología de la Universidade de Santiago que acaba de ser publicado en la revista científica Journal os Affective Disorders. El trabajo se realizó en 242 pacientes, de una media de edad de 41,7 años, que participan en la terapia psicológica que organiza el grupo y que fumaban una media de 20,57 cigarrillos al día.

Fumadores irredentos

«Son fumadores a tratamiento que no eran capaces de dejarlo por su cuenta, pero en los que si consigues controlar los problemas del estado de ánimo generados por la dependencia acabas teniendo unos resultados espectaculares», explica el catedrático de Psicología Elisardo Becoña, el responsable del estudio. «Mediante una terapia psicológica -añade-, logramos que no tengan el síndrome de abstinencia de las fases iniciales. No sufren nada porque no tienen abstinencia». A partir de los seis meses ya se notan importantes beneficios, aunque es al cabo de un año de abstinencia cuando se logra una importante reducción de la sintomatología depresiva provocada por la ausencia de nicotina.

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