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Cataluña obligará a los futuros profesores a usar tecnología en clase

Galicia tiene en la universidad una asignatura cuatrimestral sobre las TIC, que resulta insuficiente para preparar a los maestros por la escasa base que tienen

redacción / la voz, 10 de enero de 2016. Actualizado a las 05:00 h. 3

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Utilizar las nuevas tecnologías en el aula como recurso didáctico y generar material educativo adaptado a cada clase. Ese es el ambicioso objetivo que la Generalitat de Cataluña quiere conseguir para sus alumnos de Ciencias de la Educación en cualquiera de sus ramas, y por eso establece en todas las especialidades una asignatura sobre las tecnologías de la comunicación (TIC). Parece una obviedad, pero actualmente en la comunidad no es una materia obligatoria. En Galicia, por su parte, sí se da la asignatura pero, tal y como reconocen los profesores, resulta claramente insuficiente el tiempo que se le dedica.

La Generalitat está modernizando el plan de estudios de Ciencias de la Educación porque «profesores y maestros deben tener las competencias digitales que garanticen el conocimiento instrumental de las herramientas TIC y el dominio metodológico de su uso en la enseñanza», según un comunicado del departamento autonómico. Para adaptarlo se aplica el Proyecto Interdepartamental de Competencia Digital Docente (Picdd), un plan para garantizar que el profesorado tenga una formación inicial y continuada en este sentido.

¿Y qué ocurre mientras en Galicia? En la formación de profesores de infantil y de primaria hay una asignatura obligatoria sobre las TIC, que se da en primer curso -solo Infantil de la USC la da en segundo-, y que aunque tiene seis créditos apenas permite ofrecer una formación mínima. Según explica Carmen Fernández Morante, decana de Ciencias da Educación de la Universidade de Santiago, el problema es heredado: «Las competencias básicas digitales de los alumnos de Ciencias de la Educación son muy limitadas, saben poco, sobre todo hacer búsquedas, y además emplean sus conocimientos fundamentalmente para el ocio, por lo que en la asignatura se emplea mucho tiempo en conocer los medios en detrimento de la didáctica». Entiende Morante que «esa alfabetización básica debería estar garantizada cuando se termina la educación obligatoria».

Para Morante hay tres niveles en la competencia TIC de los maestros: manejar los aparatos, utilizar las nuevas tecnologías para enseñar y el tercer nivel, «que apenas se ve en Galicia», sería crear contenidos digitales específicos para la clase.

El problema no es único de los gallegos. De hecho, en Cataluña la Generalitat reconoce que de poco sirve dotar a los colegios de una buena conexión a Internet o de pizarras digitales si los profesores no saben sacar partido a estos medios. Y en ese sentido Carmen Fernández Morante cree que «la formación actual que reciben es muy insuficiente porque solo sirve para que el alumno aprenda a manejar aparatos y programas».

Dificultades para cambiar

Y no parece que en el futuro la situación vaya a cambiar. Cualquier reforma o variación en las asignaturas de un grado debe ser aprobada por la Consellería de Educación y por la Aneca, la agencia nacional específica. «Como nuestra carrera es de capacitación profesional -explica Morante- estamos especialmente vigilados por la Xunta y Aneca. No está mal, pero al final el sistema de seguimiento y calidad acaba paralizando la adaptación del grado». Menciona en ese sentido el intento, fallido, de agrupar las prácticas del último año, un cambio meramente organizativo que fue rechazado por la Xunta.

Morante aboga por escuchar a los maestros, y cree que hay tres campos en los que necesitan un refuerzo: las TIC; la escuela inclusiva, es decir, integrar a alumnos con problemas o peculiaridades de todo tipo; y la educación afectivo-sexual. «Eso, al menos, es lo que nos piden los profesores para la formación continua, y cuando organizamos cursos o jornadas, se llenan, lo que demuestra que hay interés», resume Morante, para aceptar después que faltan años para que esta formación entre en las carreras de magisterio gallegas.

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