El espacio, de aventura a gran negocio

Los cohetes reutilizables abren una nueva era en la privatización de los viajes espaciales

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redacción / la voz 27/12/2015 05:00 h

«Sería maravilloso que algún día todos pudieran hacer una fila para viajar al espacio sideral». El deseo del historiador de la NASA Aleksej Rollander está cada vez más cerca. Aún queda tiempo para que cualquier persona que lo desee pueda ponerse en órbita a un precio razonable o para que las naves terrestres exploren los asteroides para extraer recursos minerales cada vez más deficitarios en tierra, pero si hasta hace poco este sueño se consideraba ciencia-ficción ahora empieza a ser posible gracias a la gesta tecnológica protagonizada esta semana por la empresa estadounidense Space X, que ha conseguido por primera vez reutilizar un cohete en una misión orbital. Que los propulsores, hasta ahora de un solo uso, puedan reaprovecharse para distintas misiones como si fueran un avión abre la puerta, en cierto modo, a la democratización del espacio y, a su vez, a un lucrativo negocio para el que ya se han situado decenas de empresas en la rampa de despegue. «El espacio se convertirá en una enorme fuente de riqueza, en un gran negocio», vaticina el astrofísico y divulgador científico Borja Tosar.

¿Por qué serán más baratas las misiones al espacio?

Para llevar al espacio cualquier nave de pasajeros o de carga (suministros a la estación espacial o satélites de todo tipo) es necesario ponerlas en órbita y para ello hacen falta cohetes que los transporten en una primera fase, hasta que se venza la gravedad terrestre, para lo que se precisa una gran potencia de propulsión. Estos módulos, que son los más costosos de cada misión, se pierden, porque hasta ahora nunca se había conseguido hacerlos aterrizar en tierra de forma controlada. Un ejemplo: construir un cohete Falcon 9, el que utiliza la empresa privada Space X, cuesta 55 millones de euros. Como la inversión es enorme, lo que hacen las empresas privadas -al igual que Rusia cada vez que cede una de sus naves Progress (de carga) o Soyuz (de transporte de astronautas)- es repercutir los costes en las mercancías. De hecho, poner en órbita un kilo puede suponer, en función de los casos, hasta 36.000 euros. Estados Unidos, por ejemplo, paga 63 millones a Rusia por cada pasajero que transporta a la estación espacial. Y Europa hace otro tanto. Si los cohetes pudieran ser reutilizados, como ha demostrado Space X y previamente la empresa Blue Origin -aunque en este caso en un vuelo suborbital- los costes se reducirían de forma muy considerable.

¿Será posible extraer minerales de los asteroides?

Es una de las opciones que abren los vuelos orbitales low cost. Existe ya una empresa, Planetary Resource, participada por el director de cine James Cameron y los fundadores de Google, que ha lanzado tres satélites de prueba para explorar esta posibilidad. Pero la propia compañía había advertido que su éxito dependería del desarrollo de tecnologías que permitan vuelos espaciales de bajo coste.

¿Qué tipo de materiales se extraerían?

Los más codiciados son el paladio, el rodio y el platino, cada vez más escasos en la Tierra, pero que están presentes en la mayor parte de los productos de consumo humano. «Las tres cuartas partes de los productos de consumo necesitan platino en algún momento de su fabricación», explica Borja Tosar, quien ya habla de «la fiebre del paladio espacial». El litio, utilizado en los teléfonos móviles, es otro de los candidatos a ser extraído en los asteroides, una aventura a la que Administración Obama le dio recientemente la bendición con la aprobación de una ley que reconoce el derecho de los ciudadanos estadounidenses «de obtener recursos propios de asteroides».

¿Se popularizará el turismo espacial?

Es lo más seguro. El primer turista espacial fue el multimillonario Dennis Tito, que en el 2001 pagó en torno a 20 millones de euros a la Agencia Espacial Rusa Roscosmos por una plaza en la Soyuz para viajar a la Estación Espacial Internacional. Desde entonces, otros diez acaudalados repitieron experiencia y uno, el húngaro Charles Simonyi, incluso lo hizo en dos ocasiones, por las que pagó 25 y 35 millones en el 2007 y el 2009. Son precios prohibitivos para la inmensa mayoría de la población, pero para la que ahora se abre lo que se ha venido en llamar la democratización del espacio. Será mucho más barato, aunque por el momento se desconocen las cantidades.

¿Qué empresas pugnan por el negocio?

Muchas, tanto en Estados Unidos, sobre todo, como en Europa. Pero la que lleva ventaja es Virgin Galactic, del millonario Richard Branson, aunque el fracaso de una de sus naves de prueba el pasado año ralentizó sus planes. Cerca de 1.000 personas han pagado su billete para un vuelo suborbital, a un precio de 200.000 euros, y en el futuro espera hacer también viajes orbitales. Branson está construyendo lo que ha llamado Puerto Espacial América en un pequeño pueblo de Nuevo México. Otra empresa competidora, Space Adventures, ya ofrece billetes para viajar a la Luna, un proyecto que sí será mucho más asumible con los cohetes reutilizables.

¿Qué otras empresas se verán beneficiadas?

Todo el sector de las telecomunicaciones y aquellas empresas que basan su negocio en la explotación de los datos de los satélites meteorológicos y de vigilancia de la Tierra. Es un negocio de miles de millones de euros que se verá favorecido, porque lo que realmente cuesta no es construir un satélite, sino ponerlo en órbita.

¿Impulsará los planes para la conquista de Marte?

Para lanzar una misión a Marte, que la NASA aún confía en enviar en la década de los 30, aún hace falta resolver otro tipo de problemas, pero el abaratamiento de los despegues puede resultar un incentivo no despreciable.

¿La tecnología de los cohetes reciclables es solo privada?

De momento, las empresas Space X y Blue Origin están en cabeza en esta carrera, pero tanto China como Rusia y la Agencia Espacial Europea lo siguen intentando. En Europa, Airbus tiene en marcha el proyecto Adeline.

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