El éxito del cohete de ida y vuelta abre la exploración espacial de bajo coste

La empresa Space X logra por primera vez que un propulsor regrese a tierra

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redacción / la voz

Imagínese que un edificio de 22 plantas lanzado al espacio consiguiese aterrizar de pie en tierra sin un solo daño. Es inviable. Pero, salvando las diferencias, lo imposible acaba de convertirlo en realidad la empresa estadounidense Space X, que ha logrado por primera vez en la historia aterrizar en vertical, como si fuera un simple helicóptero no tripulado, un cohete de 67,7 metros de altura y 500 toneladas de peso que había sido utilizado para poner en órbita una cápsula con once satélites de comunicaciones. El primer cuerpo del Falcon 9, el que le da su potencia de despegue, se desprendió del segundo, que continuó propulsando los satélites al espacio, a una altura de 80 kilómetros, cuando viajaba a una velocidad de 1,65 kilómetros por segundo. En ese momento apagó los motores para iniciar el descenso, aunque los activó luego en otras dos ocasiones para amortiguar la caída hasta lograr un plácido y suave aterrizaje a unos diez kilómetros desde donde había sido lanzado, en una antigua base militar situada en Cabo Cañaveral.

Toda la operación se completó en apenas diez minutos que ya han supuesto un auténtico hito en la ingeniería espacial y que abren paso a una nueva exploración del espacio a bajo coste, lo que facilitará las misiones comerciales de lanzamiento de satélites de todo tipo, popularizará el turismo orbital e impulsará la futura conquista de Marte. Hasta el momento, todos los cohetes utilizados para propulsar naves son de un solo uso. Acaban convirtiéndose en basura orbital después de separarse de sus módulos, lo que encarece sobremanera las misiones. «Cada kilo de peso que se sube al espacio cuesta entre 30.000 y 36.000 euros, por lo que una tecnología que rebaje estos costes hará mucho más accesible el espacio, que también acabará convirtiéndose en un gran negocio», explica el astrofísico y divulgador científico Borja Tosar.

Es algo que saben muy bien los millonarios que han diversificado sus negocios para abrir una ventana al cielo. Es el caso de Elon Musk, creador de Tesla y PayPal y propietario de Space X, que ahora, al tercer intento, logró lo inimaginable. «Creo que es un momento revolucionario. Nadie ha logrado traer intacto un lanzador de tipo orbital», dijo eufórico tras el éxito alcanzado. Space X es una de las firmas contratadas por la NASA para transportar suministros a la Estación Espacial Internacional, por lo que recibe 1.400 millones de euros.

En realidad no es la primera empresa que consigue lanzar un cohete y aterrizarlo en tierra. En noviembre pasado lo logró el millonario Jeff Bezos, propietario de Amazon y de Blue Origin, con su cohete New Shepard. Solo que su tamaño era dos veces menor, con lo que la complejidad técnica se reduce sobremanera, y se trataba de una misión suborbital, ya que subió a poco más de 100 kilómetros, la frontera del espacio. El Falcon 9 es cierto que se elevó aún menos, a 80 kilómetros, pero lo hizo transportando un módulo de carga en una misión orbital.

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