Apagando luces, encendiendo el cielo

La Asamblea General de Naciones Unidas ha declarado el 2015 año internacional de la luz y de las tecnologías basadas en ella. Una buena oportunidad para poner en valor todas las aportaciones que este agente físico ha hecho por nosotros, como hacer visible el mundo que nos rodea. Pero también para manifestar que la contaminación lumínica de las ciudades está privándonos del cielo estrellado.

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Dirige Historias del Tiempo en V Televisión 01/02/2015 11:21 h

La primera luz se produjo trescientos ochenta mil años después del Big Bang generando lo que hoy se conoce como fondo cósmico de microondas. Durante cien mil años el universo se mantuvo iluminado hasta que volvió a oscurecerse. Desde entonces han sido las estrellas las encargadas de proporcionar luz al cosmos. Hace cinco mil millones de años, el largo baile que mantenía una nube de gas con una de polvo daba sus frutos, compactándose lo suficiente para formar una nueva estrella, nuestro sol. Con el material restante de la formación fueron surgiendo los planetas. La luz solar no necesitaba ningún medio para propagarse. Podía aprovechar el vacío del espacio para alcanzar esos mundos recién nacidos. Uno de ellos era la Tierra. Un lugar que, en sus comienzos, semejaba el infierno pero que prometía. Estaba situado a una distancia perfecta de la estrella y eso permitió que las condiciones evolucionasen hasta la aparición de la vida primero y de la inteligencia después.

El hombre y la luz

Desde el principio el ser humano vivió en sintonía con la luz. Las antiguas civilizaciones dividían sus jornadas a partir de la posición del sol. Sus relojes eran solares y las estrellas marcaban el paso de las estaciones. Observando el cielo nocturno supieron reconocer patrones y averiguar cuándo llegaría el frío y el calor. Esa vieja y estrecha relación con la luz explica algunas fiestas que celebramos en la actualidad. San Juan es una fecha que fue cristianizada y cuyo verdadero origen es el solsticio de verano. Para nuestros antepasados era un momento crucial del año que señalaba que los días comenzaban a ser más cortos. Pensaban que el gran astro perdía fuerza así que organizaban rituales en los que encendían hogueras con la intención de proporcionarle energía.

Los iluminados

La Tierra es el único lugar que conocemos hasta la fecha que alberga una especie tan inteligente, la humana, como para plantearse a sí misma la naturaleza del fenómeno. ¿Qué es la luz? Muchos sabios y curiosos de la historia han tratado de ofrecer una explicación. Pero hubo que esperar hasta el siglo XVII para que la ciencia comenzase a desvelar realmente sus secretos. Entre todos los científicos que han aportado conocimiento sobre la luz destacan tres. El primero fue Isaac Newton que en 1667 consiguió descomponerla. Y lo hizo mediante un experimento. Preparó una habitación completamente oscura y solo permitió que entrase un haz de luz a través de la ventana. Después colocó un prisma sobre ella con la intención de reflejarla en la pared y ver qué sucedía. El resultado fueron todos los colores del arcoíris.

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En 1873 otro científico británico, James Clerk Maxwell, logró un nuevo hito, definirla. «Maxwell foi quen se decatou de que a luz son aquelas ondas electromagnéticas cuxa frecuencia pode ser sintonizada polo ollo humano, ou sexa, as ondas electromagnéticas que podemos ver os seres humanos» explica Jorge Mira, Catedrático de Electromagnetismo de la Universidad de Santiago. Y en el siglo XX, un físico alemán, Albert Einstein, desveló cosas increíbles sobre cómo actúa. «Einstein é capital na historia da luz porque foi quen deixou sentado que a luz se pode comportar como paquetes de enerxía que hoxe chamamos fotóns e que poden golpear a materia, abrindo a súa visión cuántica. Construíu a súa teoría da Relatividade sobre dous pilares, e un deles é que a velocidade da luz se propaga sempre no baleiro a unha velocidade fixa de trescentos mil kilómetros por segundo, independentemente do estado de movemento do emisor e receptor» añade. Einstein desveló también que nada puede viajar más rápido que la luz y que el tiempo no es absoluto. En su tesis sobre la Relatividad Espacial postuló que a velocidades cercanas a la de la luz el tiempo se dilata. Un físico francés, Paul Langevin, lo explicó con una paradoja, la de los gemelos. Uno hace un largo viaje a una estrella en una nave espacial a velocidades cercanas a la luz. El otro gemelo se queda en la Tierra. Cuando el gemelo astronauta regresa es más joven que el gemelo terrestre.

Aplicaciones de la luz

Desde que Tomas Edison encendiese su famosa bombilla en 1878 las aplicaciones de luz en la tecnología han evolucionado de forma exponencial. En el siglo XXI la fotónica es la más prometedora. Precisamente uno de los puntos fuertes de la iniciativa de la ONU es el de impulsar el conocimiento y el desarrollo de tecnologías basadas en la luz. «O papel da fotónica neste século será central, sobre todo no eido das comunicacións e a computación» señala Mira. Lo cierto es que hoy por hoy hay más luz en su vida cotidiana de lo que se imagina. «Internet permite comunicarnos con cualquier parte del mundo con la fibra óptica, una tecnología que usa la luz. El láser ayuda a salvar vidas ya que tiene muchas aplicaciones en la medicina. También nos ha permitido conocer la distancia entre la Tierra y la Luna gracias a los reflectores que dejaron los astronautas en las misiones Apolo. Cada vez que ponemos un cd de música es la luz la que permite reproducirlo para que podamos escuchar las canciones. Incluso el cine necesita la luz para que sea posible ver el contenido de la película en una pantalla» comenta el astrónomo Borja Tosar.

Contaminación lumínica

La historia de la luz también tiene sus sombras. A medida que hemos ido aplicándola para desarrollarnos hemos perdido algo muy importante por el camino, el cielo estrellado. «En 200 años hemos echado por la borda una relación de millones de años, la del hombre con la luz», apunta Tosar. Razón no le falta. Una noche sin nubes en una ciudad gallega se pueden observar únicamente unas treinta estrellas de las tres mil que se verían a simple vista. «Como astrónomo tengo que decir que me están robando las estrellas» añade Borja que también es miembro de CEL FOSC, una asociación en defensa del cielo oscuro. Llamar la atención sobre la contaminación lumínica es otro de los principales objetivos de Naciones Unidas. Y no solo por la privación del cielo estrellado, sino también por el despilfarro energético. «Lo que prohíbe ver las estrellas es energía desaprovechada. Las ciudades están llenas de carteles publicitarios o farolas tipo globo que iluminan hacia arriba y no hacia el suelo» recuerda Tosar. Una mala iluminación puede incluso perjudicar a su salud. «Hai cada vez máis evidencias de que unha inadecuada exposición á luz en horas noctunas, sobre todo na banda azul do espectro, é un factor relevante para a aparición ou agravamento de determinadas patoloxías. Na medida en que producen disrupcións en certos ritmos fisiolóxicos asociadas á exposición á luz pola noite, pode ser un elemento probablemente carcinoxénico para os humanos», señala Salvador Bará, doctor en Física de la USC.

La luz no es eterna. En algún momento todas las estrellas agotarán el hidrógeno, el combustible que las mantiene encendidas y el cosmos se apagará otra vez. En realidad, vivimos en una etapa afortunada de la historia del universo. Piense en ello cuando alce la vista para contemplar el cielo nocturno.

 

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