El Pacífico se ha calentado 15 veces más rápido los últimos 60 años que en 10.000

Europa Press

SOCIEDAD

«Estamos poniendo todo este calor en el océano sin saber muy bien cómo va a volver a salir y afectar al clima» alerta el autor del estudio

01 nov 2013 . Actualizado a las 19:47 h.

En una reconstrucción de las temperaturas del océano Pacífico, investigadores del Instituto de la Tierra en la Universidad de Columbia, en Nueva York, Estados Unidos, han encontrado que su profundidad media se ha calentado 15 veces más rápido en los últimos 60 años de lo que lo hizo durante los ciclos de calentamiento naturales en los últimos 10.000 años.

«Estamos poniendo todo este calor en el océano sin saber muy bien cómo va a volver a salir y afectar al clima», alertó Braddock Linsley, científico del clima en el Observatorio de la Tierra Lamont-Doherty de la Universidad de Columbia y coautor del estudio, publicado en Science. «No es tanto la magnitud del cambio, sino la tasa de cambio», agregó.

En su último informe, publicado en septiembre, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) señaló la reciente desaceleración en el ritmo del calentamiento global. Mientras que las temperaturas globales aumentaron cerca de un quinto de un grado Fahrenheit por década desde los años 1950 a 1990, el calentamiento se redujo a sólo la mitad de esa tasa después del año récord de calor de 1998.

El IPCC ha atribuido la pausa a las fluctuaciones climáticas naturales causadas por las erupciones volcánicas, los cambios en la intensidad solar y el movimiento de calor a través del océano. Muchos científicos señalan que 1998 fue un año excepcionalmente caliente, incluso para los estándares modernos, por lo que usar cualquier aumento medio como punto de partida sería restar importancia a largo plazo a la tendencia del calentamiento.

Los científicos del IPCC están de acuerdo en que gran parte del calor proviene de los humanos desde los años 1970, a través de las emisiones de gases de efecto invernadero. Sin embargo, los hallazgos de la ciencia ponen esta idea en un contexto de largo plazo y sugieren que los océanos pueden estar almacenando más efectos de las emisiones humanas de lo que los científicos han detectado hasta ahora.

«Es posible que hayamos subestimado la eficiencia de los océanos como un almacén de calor y energía», advirtió el autor principal del estudio, Yair Rosenthal, climatólogo de la Universidad de Rutgers, en Nueva Jersey, Estados Unidos.

El calor del océano se mide típicamente por boyas dispersas en todo el océano y con instrumentos desde los barcos, con registros fiables en algunos lugares que se remontan a la década de 1960. Para buscar más atrás en el tiempo, los científicos han desarrollado formas de analizar la composición química de la antigua vida marina para reconstruir los climas en los que vivían.

En una expedición a Indonesia en 2003, los científicos recogieron núcleos de sedimento de los mares donde el agua fluye desde el Pacífico hasta el océano Índico. Mediante la medición de los niveles de magnesio y calcio en las conchas de 'Hyalinea balthica', un organismo unicelular enterrado en los sedimentos, los científicos estimaron la temperatura de las aguas de profundidad media, donde vive 'H. Balthica', entre alrededor de 1.500 a 3.000 pies de profundidad (casi entre 500 y mil metros).

Enfriamiento

Aunque el clima de los últimos 10.000 años ha sido relativamente estable, los investigadores encontraron que las profundidades intermedias del Pacífico por lo general han estado frías durante ese tiempo, aunque con altibajos. Desde hace cerca de 7.000 años hasta el comienzo del Período Cálido Medieval en el norte de Europa, en el 1.100, el agua se fue enfriando poco a poco, casi 1 grado C.

El enfriamentio siguió bajando durante la llamada Pequeña Edad de hielo un 1 grado C, hasta alrededor del 1.600. Los autores atribuyen el enfriamiento desde hace 7.000 años hasta el Período Cálido Medieval a los cambios en la orientación de la Tierra hacia el Sol, que afectaron a la cantidad de luz del sol que cayó sobre ambos polos.

En el año 1.600 más o menos, las temperaturas comenzaron a ir poco a poco en aumento y, luego, durante los últimos 60 años, las temperaturas de columna de agua, en promedio desde la superficie hasta los 2.200 pies (670 metros), subieron 0,18 grados C. «Puede parecer pequeña, pero es una tasa de calentamiento 15 veces más rápida que en cualquier otro periodo de los últimos 10.000 años», dijo Linsley.

Una explicación de la reciente desaceleración del calentamiento global es un alargamiento de La Niña, un enfriamiento de las aguas superficiales del Pacífico oriental que ha contribuido a compensar el aumento global de las temperaturas de los gases de invernadero.

En un estudio publicado en agosto en la revista Nature, los modeladores del clima en la Instituto Oceanográfica Scripps, en La Jolla, California, Estados Unidos, mostraron que el enfriamiento de La Niña en el Pacífico parecía suprimir las temperaturas medias globales durante el invierno del Hemisferio Norte, pero permite que las temperaturas suban durante el verano, lo que explica el récord del año pasado de la ola de calor en Estados Unidos y la pérdida permanente de hielo marino del Ártico.

Pausa en el calentamiento global

Cuando el ciclo de La Niña cambie y el Pacífico revierta a una fase más cálida habitual con El Niño, las temperaturas globales podrían dispararse de nuevo, junto con la tasa de calentamiento. «Con el calentamiento global no se ve un calentamiento gradual de un año a otro -argumentó Kevin Trenberth, científico del clima en el Centro Nacional de Investigación Atmosférica en Boulder, Colorado (Estados Unidos), que no participó en la investigación-. Es más como una escalera».

La perspectiva a largo plazo del estudio sugiere que la reciente pausa en el calentamiento global sólo puede reflejar variaciones aleatorias de calor que van entre la atmósfera y el océano, con poca importancia a largo plazo, según Drew Shindell, climatólogo en el Instituto de la Tierra de Columbia y el Instituto Goddard de Estudios Espaciales y autor principal del último informe del IPCC.

«La temperatura de la superficie es sólo un indicador del cambio climático -matizó Shindell-. La energía total almacenada por el sistema climático o varios indicadores, como derretimiento de los glaciares, el vapor de agua en la atmósfera, la capa de nieve, y así sucesivamente, puede ser más útil que mirar sólo la temperatura de la superficie».