Vilagarcía / La Voz 31/08/2013 11:54 h

En el islote Areoso, enclavado en el corazón de la ría de Arousa y adscrito al municipio de A Illa, se han realizado cuatro campañas arqueológicas en los últimos veinticinco años. Pese a ello, este pequeño territorio insular sigue deparando sorpresas a los arqueólogos. Hace algunas semanas, un grupo de aficionados visitaban este lugar, al que se accede exclusivamente por vía marítima, y comprobaban que el efecto de las mareas había dejado al descubierto fragmentos de cerámica y restos óseos. A raíz de ese descubrimiento, los técnicos de la dirección xeral de Patrimonio inspeccionaron el lugar en dos ocasiones a lo largo de las últimas semanas y, aunque los hallazgos todavía están siendo estudiados, han extraído ya algunas conclusiones de esas visitas.

Si hace año y medio la acción del mar había sacado un dolmen a la superficie en Areoso, en esta ocasión los arqueólogos han documentado la presencia de dos estructuras hasta ahora desconocidas. Se trata de dos pequeñas cistas -enterramientos que consisten en cuatro losas laterales y una quinta como cubierta- cuadrangulares, más pequeñas que las descubiertas en campañas anteriores. Por el momento, los profesionales todavía no han determinado con exactitud la fecha en la que fueron construidas estas estructuras megalíticas, pero desde Patrimonio avanzan que pertenecen a algún momento entre el Neolítico y la Edad de Bronce.

En su visita, los técnicos recogieron también restos de cerámica y óseos que habían quedado al descubierto en el islote. Todo este material arqueológico está en estudio y, una vez que finalice su análisis, será depositado en algún museo. Además, en las próximas semanas el personal de Patrimonio realizará una tercera visita a Areoso para completar la investigación sobre el terreno. Una vez que concluya el análisis de todos los nuevos datos se decidirá si es necesario realizar nuevas campañas arqueológicas en la isla y si es preciso adoptar medidas de protección para garantizar la conservación de estos vestigios del pasado. Precisamente la asociación Pandulleiros, que descubrió los restos óseos, alertó también sobre la fragilidad de este territorio y su necesidad de protección, tanto contra el efecto de los temporales y el envite del mar como de la propia acción humana. De hecho, cuando se descubrió el dolmen anterior se construyó un muro a su alrededor para salvarlo de la erosión.

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