Whatsapp

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Desbloqueó el teléfono, puso la clave, abrió el WhatsApp, entró en su última conversación y miró la última hora de conexión. No había cambiado desde la anterior vez que lo revisara medio minuto antes y tampoco con respecto a todas las ocasiones anteriores. Se estaba impacientando, pasaría la media hora de retraso sin ningún tipo de aviso y eso se contaba en un proceso de control del horario de conexión de la aplicación de mensajería continuo que rondaría la media centena de visitas a su última conversación y otros tantos momentos de tentación y preocupación en los que quiso llamarla para saber qué estaba pasando, el por qué de su retraso. Decidió esperar un poco más sin soltar su teléfono, buscándola entre la gente, anhelando una respuesta. Pasada la hora de espera, el miedo lo dominó, un miedo que de un plumazo se escapó de su cuerpo con el sonido de su teléfono móvil, sabía que algo había cambiado, la espera podría llegar a su fin. Desbloqueó el teléfono, puso la clave, abrió de nuevo el WhatsApp y encontró un mensaje nuevo, de ella.

Un «Lo siento» bastó para que su mundo se rompiera y sus lágrimas se escaparan azotadas por la rabia y la pena. Durante un instante no supo qué hacer, aquella tarde salió de casa pensando que se convertiría en un hombre prometido y ahora se encontraba volviendo a su casa sabiendo que una disculpa no cura la soledad.

Rubén González Cerviño (Vigo, 24 años) es estudiante.