Investigador del Laboratorio de Higiene, Inspección y Control de Alimentos de la Universidade de Santiago (USC), Jorge Barros se muestra sorprendido con el escándalo de la carne de caballo.
-¿A qué problema nos enfrentamos?
-Aquí hay dos cuestiones: el engaño y un tema menor de salud. Creo que la más importante es la primera porque Europa está ante un fraude comercial a gran escala e inexplicable.
-¿Por qué inexplicable?
-Porque las empresas deben realizar sus propios controles de calidad. A veces se complementan con los certificados de calidad de los proveedores, pero no son suficientes. Deben guardarse como garantía, pero no se puede confiar solo en ellos, y sorprende que grandes compañías no hayan realizado sus propios análisis.
-¿Esos análisis son complejos?
-Todo lo contrario. La detección del ADN es una práctica de universidad; sorprende que no se aplique porque es una técnica rutinaria para nuestros alumnos del máster de Biotecnología de la USC. Mezclamos carnes y tienen que adivinar a qué animales pertenecen. Por eso me llama la atención la metedura de pata, que no se haya hecho un control propio.
-¿Qué sucede con la cuestión sanitaria?
-No me parece preocupante y creo que se ha exagerado un poco con eso porque, según los datos que han trascendido, los niveles de fenilbutazona detectados en el Reino Unido son mínimos y haría falta consumir cientos de raciones diarias de un producto para que pudiese constituir un problema de salud. Estamos tomando los alimentos más seguros de la historia.