El concello ourensano de Laza vivió su lunes grande entre barro, harina, hormigas y tojos

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Laza celebró su día grande de entroido, el Luns Borralleiro. Por la mañana, los vecinos combatieron el frío con la farrapada, consistente en arrojarse trapos manchados en barro unos a otros. En medio de la plaza de la Picota había una bañera para meter a quien tuviese la mala suerte de dejarse coger. Este año, con las lluvias, no fue difícil amasar la tierra para lanzársela a los demás, y la plaza de este municipio ourensano, que conserva uno de los carnavales más antiguos del planeta, se convirtió en un lodazal.

Y si la mañana fue marrón, la tarde se vistió de blanco, el color de la harina que voló por este entorno, como cada año, lanzada desde una tolva que se coloca en medio de la plaza, una vez que se produce el ritual de la Baixada da Morena, en la que un hombre oculto tras una cabeza de vaca trata de meter miedo a los asistentes. No se salva nadie. Por eso hay que ir bien ataviados con ropa impermeable que se pueda manchar. Pero en este concello la harina no se esparce sola y va mezclada con hormigas que se van a buscar al monte y se tienen varios días metidas en sacos para hacerlas más bravas.

Como cada año, cuando baja la morena, la plaza principal se convierte en un hervidero de gente que espera a las hormigas. Pronto el picor se adueña del público. Y da igual estar en primera línea que en un balcón, pues la Morena desciende desde el barrio alto de Cima de Vila, flanqueada por vecinos a modo de pajes que portan tojos, que fueron pasando por entre las cabezas de los asistentes a este tradicional carnaval, que combatieron el esfuerzo consumiendo la tradicional bica blanca, única en estas fechas, y el licor xastreu.

El carnaval de Laza es uno de los más antiguos del mundo. p. araújo