Los mormones arraigan en Galicia

Mil seiscientos creyentes practican su religión en ocho capillas gallegas. El ejemplo de Mitt Romney, rival de Obama, les ha dado visibilidad

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El piano suena a media voz en una capilla austera y desprovista de imágenes, los números de los himnos que se están cantando son la vestimenta de las paredes desnudas. Algunos fieles siguen la letra de los salmos en el smartphone -el progreso también es cuestión de fe- y todos visten sus atuendos más elegantes: traje y corbata incluso los niños; falda larga mujeres y niñas. Ni un alma cabe ya en la capilla coruñesa de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, más conocida como iglesia de los mormones. Por delante, tres horas de sermones en la reunión dominical, equivalente a la misa.

La condición de mormón de Mitt Romney, rival de Obama en las elecciones de Estados Unidos, ha devuelto actualidad a este colectivo. «Es increíble el efecto que ha tenido -confirma Fernando Fernández, responsable de Comunicación en Galicia-. Romney al margen, la presencia de mormones crece en la comunidad «a un ritmo constante». Ya son 1.600 fieles los que practican su fe en las ocho capillas o ramas que se han ido levantando en Galicia: A Coruña, Ferrol, Santiago, Lugo, Pontevedra, Vigo, Vilagarcía y Ourense.

Sus miembros luchan a diario contra los tópicos erróneos. «Somos cristianos, no tenemos nada que ver con los Testigos de Jehová y en nuestra iglesia está prohibida la poligamia», precisa Fernández, que recuerda que en otro tiempo fue un mandato divino para los mormones.

Esta fe se diferencia de la católica en que sus miembros creen en la unidad de la familia tras la resurrección, para lo cual precisan de un sellado en vida. Además, los mormones no bautizan antes de los 8 años, admiten el divorcio y tienen prohibido consumir café y té, además de tabaco, alcohol y drogas.

Esta iglesia se basa en la «restauración del evangelio perdido de Jesucristo, de los preceptos por Él dictados en sus últimos días. Por eso no adoramos imágenes ni nos postramos», explica José María Ramos, presidente de la rama de A Coruña.

Pero es ante todo una iglesia de revelaciones, fundada en 1820 tras la que, según su doctrina, le hizo Jesucristo a Joseph Smith, primer profeta de esta confesión. «Por medio del profeta recibimos revelación constantemente», explica Fernando Fernández. El proceso funciona así: su líder religioso [el profeta actual se llama Thomas S. Monson] pregunta a Dios, que se comunica frecuentemente con él para que, a su vez, transfiera ese conocimiento a los miembros de la iglesia. «Gracias a esas revelaciones» y al acopio de víveres que los mormones tienen obligación de hacer, agrega Fernández, «pudimos sortear bastante bien la crisis que produjo la burbuja inmobiliaria». Los mormones creen también en la segunda llegada de Jesús a la Tierra, «de la que hay indicios y con la que el mundo dejará de ser tal y como lo conocemos».

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