El papa Benedicto XVI rezó ayer por la paz en el mundo y condenó las desigualdades entre ricos y pobres, así como «el capitalismo financiero no regulado», durante la tradicional misa de Año Nuevo en la Basílica de San Pedro, en el Vaticano.
El pontífice habló de los «focos de tensión y de confrontación provocados por la creciente desigualdad entre ricos y pobres y de la predominancia de la mentalidad egoísta e individualista que es también una de las manifestaciones del capitalismo financiero no regulado».
Sin embargo, Benedicto XVI añadió que la humanidad tenía «una vocación innata para la paz» y este año rezó por «el don de la paz», citando un pasaje que se recoge en la Biblia: «Bienaventurados los pacificadores porque ellos serán llamados hijos de Dios».
Plataforma rodante
Al igual que el lunes durante la celebración del Te Deum, el papa, de 85 años, utilizó una plataforma rodante, guiada por dos ayudantes, para recorrer, mientras bendecía a los asistentes, la nave central de la basílica hasta el altar donde presidió la solemne ceremonia.
Tocado con una mitra con la imagen de la Virgen de Guadalupe bordada en oro y apoyado en el báculo, Benedicto XVI afirmó que aunque este tiempo está caracterizado además por varias formas de terrorismo y de criminalidad, está persuadido de que «las múltiples obras de paz, de las que el mundo es rico, testimonian la innata vocación de la humanidad por la paz».
«En cada persona -dijo- el deseo de paz y la aspiración esencial coincide, en cierta manera, con el deseo de una vida humana plena, feliz y bien realizada». El pontífice afirmó que el hombre «está hecho para la paz». Para el papa teólogo «la paz es con Dios, vivir de acuerdo con su voluntad. Es la paz interior con uno mismo, y la paz externa entre sí». Se preguntó sobre cuál es el fundamento de esta paz y cómo podemos sentirla, a pesar de los problemas. Y se remitió al Evangelio de Lucas, que se propone contemplar la paz interior de María, la madre de Jesús», dijo.