¿Halloween o Samaín? Ahora ya (casi) nadie duda

Los impulsores de la recuperación de este festejo gallego no dejan de sorprenderse ante el efecto multiplicador de la celebración

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«Despois de tantos anos, agora non hai confusión». Carlos Labraña, miembro de la Asociación de Amigos do Samaín, lo tiene claro. Un día después de realizar una charla sobre este tema y a tan solo dos jornadas de que arranquen los festejos en Cedeira -auténtica capital del Samaín atlántico-, uno de los máximos impulsores de su revitalización aclara que entre los niños gallegos ya no hay dudas sobre cuál es la fiesta a celebrar. «Os rapaces viven de forma masiva o Samaín».

Labraña confiesa no dejar de sorprenderse ante el efecto multiplicador de una fiesta que hace veinte años resurgía, si no con timidez, sí, al menos, con cierta cautela. «A súa recuperación foi explosiva, non lembro ningunha tradición que estivera a piques de perderse e que se recuperara desta forma».

De hecho, lo que comenzó con fuerza en Cedeira, en algunas localidades de A Mariña (como O Vicedo), en el entorno de Ferrol (como Narón) o en la comarca arousana (A Illa) ha logrado extenderse a toda la comunidad y en este 2012 quedan pocos lugares que no celebren -o bien, en los colegios o en los centros socioculturales- este festejo.

¿Pero a qué se debe este seguimiento masivo? Labraña avala que fueron los padres y abuelos los que apoyaron desde un inicio la celebración al sentirse reconocidos en ella y al considerarla como algo propio frente a un Halloween que se les presentaba lejano. Él mismo reconoce que a sus 43 años aún se acuerda de cómo en su infancia, y durante estas fechas, se cumplía con ese ritual de calabazas ahuecadas e iluminadas en su interior y que lucían como nunca en la noche del 31 de octubre. «Eu creo que no Halloween estadounidense mesturaronse varias festas. Por un lado está o dos disfraces, que nós o celebrabamos no entroido, e, por outro, o do truco ou trato, que en Galicia tamén se ten feito nesas datas. Eu lembro que había quen ía polas casas pedindo unha filloa».

En cuanto al propio nombre de la fiesta -«Samaín»- reconoce que también se sorprende por su rápida aceptación, a pesar de que sobre el término se conservan pocas referencias escritas. Aún así Ramón Otero Pedrayo ya hablaba «das fadas e dos defuntos que no tempo do Samaín, en Irlanda, bebían nas fontes do esquecemento».

De lo que no hay duda es de los orígenes de la celebración. En el mundo celta, el 1 de noviembre se celebraba el comienzo de un nuevo año, coincidiendo con el cambio de cosecha. Según marcaba la tradición, la ventana que separa el mundo de los muertos del de los vivos desaparecía la noche anterior y, por ello, se recorrían los lugares para ahuyentar a los espíritus. Uno de esos ritos evolucionó hasta desembocar en la preparación y adorno de calabazas vacías que, en ocasiones, portan una vela en su interior, y que sirven para espantar a propios y a extraños.

Ante la pregunta de cómo conviven en Galicia el Samaín y el Halloween y de si ya se tiene superada esa supuesta rivalidad que mantenían, Carlos Labraña apuesta por la actual armonía. «En realidade trátase da mesma festa pero en dúas vertientes ou concepcións distintas. Está a comercial, que sería a de Halloween, e a máis enxebre, que é a galega. Na actualidade eu creo que os nenos celebran masivamente o Samaín e que soamente os mozos son os que aínda réndense ao aspecto máis comercial do festexo nalguna festa nocturna».