Acostumbrado a los chuzos de punta que llueven desde Europa, Mariano Rajoy no se amilanó ayer ante el orvallo gallego. A las siete y media de la tarde, con el agua cayendo a pequeñas dosis sobre el corazón de O Salnés, el presidente del Gobierno se calzó las botas de siete leguas y se dio un buen paseo a ritmo ligero por la orilla del Umia.
Caminatas como esta, dijo, serán uno de los pocos placeres que se conceda durante la «semanita» que pasará en Galicia, tomándose un respiro a medias. «Llegué ayer por la noche y esta mañana ya he tenido dos o tres horitas de teléfono», explicó durante el recorrido con el que inauguró sus vacaciones gallegas. Para ellas ha elegido como puerto base Sanxenxo, una localidad de la que es inquilino estrella desde hace años. Desde allí realizará pequeñas incursiones como la que ayer lo llevó a Pontearnelas, primero, y a Ribadumia después. En una finca de este municipio habría de cenar Rajoy -también se esperaba a su esposa, Elvira Fernández- junto a su círculo más próximo de amigos, familiares y colaboradores. Así que es más que probable que en la mesa, lejos de mandar las conversaciones más fresquitas del verano, gobernasen temas más densos. Y es que, como reconoció el presidente en tono distendido, «tengo mucho follón». Tanto, que hoy no podrá siquiera acercarse a Cambados para brindar por el albariño.
Cansancio en el rostro y retranca gallega en la punta de la lengua
Llegó Rajoy a Pontearnelas acompañado de una larga nómina de alcaldes, conselleiros y otros cargos del Partido Popular. Nada más iniciar la marcha, el presidente del Gobierno fue flanqueado por Rafael Louzán, que ejerció de cicerone y fue explicando, uno a uno, los tesoros que se esconden en el Umia. Tantas son las bondades de este río, «el de la tragedia de Brenntag», que Alberto Núñez Feijoo, al otro lado del presidente, no tardó en concluir que «O Salnés es un sitio fantástico». Rajoy le dio la razón y alabó en varias ocasiones la belleza de los lugares que atraviesa el paseo.
«O Salnés es un sitio fantástico»
Caminaba el presidente a un ritmo trepidante que chocaba con el rastro que el cansancio ha dejado en su rostro. Pero ni las preocupaciones que van con su cargo, ni la marcha evitaron que a sus labios aflorase, en más de una ocasión, esa retranca gallega que tan poco se entiende al otro lado del telón de grelos. La desplegó cuando le explicaron, por ejemplo, que por O Salnés pasa ahora una ruta jacobea. «¿En qué manuscrito antiguo habéis descubierto esto?», replicó él. Se le dio cumplida respuesta.