No hay nadie que haya ido a la Sociedad Deportiva del Mercantil de Vigo que no conozca al portero que atiende la entrada de la entidad. Porque Casiano Pérez es un hombre que recibe a todo el que llega con una ráfaga de optimismo. Ese espíritu vitalista invita a entrar. Es como aire fresco. No para. En las horas libres aprovecha para regar las plantas o para hacer cualquier otra labor. Con todo, es un hombre modesto. Asegura que aunque es feliz «hoy en día es un poco de aquella manera decirlo» en referencia a los problemas que han de enfrentar cada vez más ciudadanos en Galicia y en España. Pero la verdad es que a este mosense que casó en Ponte Sampaio, Pontevedra, la vida le sonríe. En casa está bien, en el trabajo también. Son más de 33 años al pie de ese cañón. No son precisas muchas cosas para sentirse bien.
Dice que es un multiusos, que está contento porque «el ambiente que se respira entre estas paredes provoca que no pueda ser de otra forma». «Conozco a mucha gente y eso hace feliz. Somos como una familia», añade. Y con la veteranía, Casiano ya sabe a los que puede gastar bromas o a los que no.