El verano en Galicia no entiende de tópicos ni de pronósticos simples. En el mapa del tiempo pueden convivir sin problemas lluvia y sol, y para un viaje de no muchos kilómetros bien vale aprovisionarse de prendas para las temperaturas más variadas. Ayer, los termómetros volvieron a registrar un enorme abanico de máximas, que oscilaba entre los 19,8 grados del municipio coruñés de Cariño y los casi 40 de la localidad lucense de Ferreira de Pantón.
A mediodía, en el puerto de Cariño las nubes cubrían su cielo nada vacacional y aunque la temperatura era soportable en camiseta, una chaqueta tampoco estaba de más. Es el verano que se vive en una villa que esta semana ha visto el sol de estío casi por primera vez.
La principal culpable parece ser la famosa nube de Cariño, una borrasca permanente que observa la localidad desde las cumbres de los montes que la rodean. «Cariño es especial», comentan los vecinos. Tan especial que, según explican, el martes fue el primer día del verano que se pudo pisar la playa en bañador.
Sin cambio climático
«Yo, cuando hablan de que con el cambio climático se está calentando el planeta, pienso que no debe ser aquí», dice Manuel de Cal, un marinero retirado. «¡Si lleva todo el verano lloviendo!», añade entre risas. Los vecinos ya están acostumbrados a su microclima y se lo toman con humor. «El que viene a Galicia ya sabe a lo que viene», apuntan.
Pero el turismo se resiente. Lucía Luaces, camarera del bar El Puerto, afirma que es el año en que menos gente hay en la localidad, «con diferencia», enfatiza. «Otros años paseabas por el paseo marítimo y no conocías a casi nadie, pero este...», dice sorprendida Lucía.
Las horas avanzan y ello hace que se cumpla una frase muy gallega: «¿Está nublado? Nada, esto por la tarde abre, y a la playa». Así ocurre, y el calor, por primera vez en mucho tiempo, visita Cariño acompañando al sol. A pesar de ello, las palabras de Luaces se confirman. El paseo lo recorren jubilados, familias de la zona y jóvenes, pero nadie con pinta de turista. Los vecinos esperan que el mal tiempo les dé una tregua el mes próximo. «Cariño es más de agosto», sentencia un cliente de un bar.
Pero, dejar la localidad hace a uno dudar de que pueda ir a mejor. La carretera asciende, sumergiéndose de lleno en la nube de Cariño. La humedad entra por la ventanilla del coche, la visibilidad se reduce y los rayos del sol sufren por colarse entre la abundante bruma. Como el verano en Cariño.
A casi doscientos kilómetros de allí, en la travesía que cruza Ferreira de Pantón, a las tres de la tarde el termómetro marca ya 38 grados y no parece haber nadie en la calle dispuesto a plantar cara al calor.
Hay que salir de la vía principal para encontrar, a la sombra de la terraza de un bar en la más recogida plaza del Ayuntamiento, a un grupo de mujeres descansando con sus hijos. «Horrible» contesta rápidamente una pequeña a la pregunta de cómo hacen para afrontar los días de temperaturas más elevadas. Su madre cuenta que llevan desde el lunes soportando máximas de 40 grados, las más altas de toda Galicia, y que las combaten pasando el día en la piscina. El calor es difícil de aguantar incluso por la mañana temprano y por la noche.
Dentro del bar, asombra ver que está prácticamente lleno. Pero la sorpresa dura segundos. Al lado de la puerta, un aparato de aire acondicionado funciona a tope. Sin embargo, el camarero se queja igualmente. «Esto es demasiado, sobre todo al estar trabajando, si estuviera en la playa o en la piscina lo llevaría mucho mejor», dice.
A la piscina, en Ferreira
Está claro, estos días en Ferreira todo el que puede pasa las tardes en la piscina. Se encuentra tan solo a unos cientos de metros del pueblo, pero aun así la mayoría opta por ahorrarse el paseo al sol y coge el coche para llegar hasta allí. Las mayores aglomeraciones son después de la siesta, pero incluso a esa hora ayer había no menos de cincuenta personas bañándose o tumbados en toallas bajo los árboles.
Turistas y vecinos cuentan sus recetas para hacer frente a esta ola de calor. Unas señoras recomiendan beber agua, estar a la sombra, bañarse... Otras ofrecen directamente un bikini a la periodista: «Tenías que haber venido preparada mujer, pero te dejamos uno». La verdad es que pensándolo bien... no estaría mal, sí, pero no pudo ser. ¡Otra vez será!