Las manecillas del reloj retrocedieron ayer 2.000 años en Lugo para el comienzo del Arde Lucus, que durante el fin de semana abarrotará la ciudad amurallada con más de 400.000 personas llegadas desde toda Galicia, León y Asturias, según las estimaciones del Concello. Once años después de su creación, la fiesta de ambientación romana, que ha sido declarada de Interese Turístico Galego, está plenamente consolidada. Patricios, legionarios, centuriones, esclavos, gladiadores, romanos de a pie y castrexos de todas las edades, e incluso algún Pedro Picapiedra infiltrado, se echaron por la tarde de ayer a las calles del centro histórico para vivir con ansia la primera jornada del festejo, que se prolongará hasta mañana por la noche.
«Hace varios años que tenía muchas ganas de venir y hasta este no he podido, pero desde que llegué estoy viendo mucha animación y a mucha gente participando», destacaba a última hora el artesano de Valladolid Antonio Ayuso. Padres, tíos y abuelos con niños acudían a su puesto para mirar y comprar arcos, escudos, flechas o instrumentos musicales de madera para los más pequeños.
La organización ha programado unas 140 actividades, que se repartirán en distintos emplazamientos. Además del Macellum (mercado), en la Praza Maior se sitúa el campamento militar de la Cohors III Lucensium, protegido por una torre de asalto, un escorpión y una catapulta de 5 metros de altura, entre otros.
A unos metros, junto a la antigua cárcel, está el castro do Medulio, donde los nativos disfrutarán de la fiesta como los galaicos. Allí se pueden ver ejemplares de ganado de razas autóctonas gallegas.