Camila Sánchez se fue. La dejaron ir. A menos de un mes de ser sancionada la Ley de Muerte Digna, Camila, la niña de tres años que se transformó en el símbolo de lucha por esta norma, fue desconectada. «Camila pasó por este mundo y dejó derechos para todos», dijo Selva Herbón, su madre, la gran impulsora de este nuevo derecho para los argentinos.
La niña estaba en estado vegetativo desde que nació. Fueron unos pocos minutos los que llevaron desconectar de su cuerpo el botón gástrico que la alimentaba, la vía que la hidrataba, y la traqueotomía por la cual recibía oxígeno.
La petición para desconectarla se hizo el lunes y la operación culminó ayer. Los médicos dijeron que sí, pero explicaron que antes de dejar sin vida a la niña necesitaban asesorarse sobre el procedimiento. Así lo hicieron y el jueves temprano avisaron a sus familiares. Pidieron que nadie más fuera alertado para que el acto se hiciera en la más absoluta intimidad. Carlos Sánchez, el padre de Camila, se quedó en su casa del barrio de Ezeiza, esperando que la hija mayor de la familia, Valentina, volviera del colegio. Selva, la mamá, estuvo en el Centro Gallego, pero no ingresó en la sala en el momento en el que los médicos cumplían con la petición de la familia. Eligió esperar en un pasillo, cerca, pero sin ver. La niña será incinerada hoy.