Conservar el águila real exige un plan con Castilla y León y Portugal

Galicia recibe individuos, pero la población es corta: menos de 10 parejas

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El águila real necesita la puesta en marcha urgente de un plan de recuperación de la especie en Galicia, ya redactado. Distintos ornitólogos y biólogos que trabajaron en estudios preliminares sobre la situación del ave dicen que su estatus es delicado, puesto que la población nidificante se estima en menos de diez parejas en Ourense y Lugo. Biólogos como Luis Tapia del Río, Alberto Gil Carrera, Luis Rodríguez Lado y Xavier Vázquez Pumariño han seguido a las aves dentro y fuera de Galicia. Colaboran con los servicios de Conservación da Natureza de la Xunta o participan en labores de reintroducción, detallando los problemas. «A aguia real é indicadora de espazos naturais ben conservados e agora mesmo as ameazas proveñen dunha degradación xeral do medio», dice Pumariño.

Hay prioridades que deben ser ya abordadas, como una gestión de la especie en áreas amplias donde está presente y no solo allí donde nidifica. Deberían aplicarse cuanto antes las actuaciones previstas en el plan de recuperación del año 2009 y hacerlo de forma integrada para el macizo Galaico-Leonés, en cooperación con Portugal, Asturias y Castilla y León, puesto que estos pájaros cazan y se reproducen moviéndose en vastas áreas, aunque las preferidas, y por tanto prioritarias a conservar, son aquellas de topografía abrupta y con baja presión humana. Las águilas reales buscan riscos donde anidar y territorios con amplia disponibilidad de fauna salvaje y también de ganadería extensiva, pues, según resaltan estos autores en un informe publicado en la revista Quercus: «Los hábitos carroñeros son más marcados cuando escasean sus presas naturales». Su alimentación es crítica si escasea el conejo, y la falta de carroñas en los montes también afectan a la supervivencia de los ejemplares juveniles.

Pero los problemas son muchos: uso ilegal de venenos (a menudo sobre el lobo y rapaces), la proliferación de parques eólicos y la apertura de infraestructuras para los mismos, los accidentes en tendidos eléctricos (en el 2009 murieron 2 juveniles de águila real por electrocución) y las molestias humanas al abrir cortafuegos, por actividades deportivas y cinegéticas, escaladores, fotografía, plantaciones forestales masivas y, por supuesto, los incendios. Como resalta el director de la revista Quercus, Rafael Serra, la reina de las aves «es una de las especies más amenazadas»

Por eso creen que debería extremarse la prevención en áreas como los cañones del Sil, montañas de Trevinca, macizo Central, Pena Maseira... y otras como O Courel y Os Ancares, donde también se ha detectado la presencia del águila real. El último avistamiento reportado en el noticiario de la Sociedade Galega de Ornitoloxía fue en Cervantes, con dos ejemplares observados desde el refugio de Brego, en agosto pasado. Pero en Trevinca, O Xurés o Enciña da Lastra es relativamente fácil verla.