¿Estímulo espiritual o espectáculo de masas sin más?


13/08/2011 06:00 h

Un millón largo de jóvenes buscarán respuestas a interrogantes personales y problemas sociales en las palabras de Benedicto XVI durante la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ). Pero ¿es posible meditar, encontrarse con Dios y uno mismo en una concentración multitudinaria o todo puede quedarse en lo aparente?

«Tiene mucho que ver con la idea de religión como teatro, como representación; muy poco tiene de religioso y nada de transformador, revolucionario, crítico ni alternativo», opina el teólogo Juan José Tamayo. El Vaticano y la Conferencia Episcopal optaron hace años, explica, por «vaciar» el cristianismo de la experiencia religiosa profunda para reducirlo a un «fenómeno de masas». Denuncia que el viaje papal, «estrictamente religioso», se convierte en acto político por la «complicidad» de las instituciones públicas: «Quedan muchos restos del nacionalcatolicismo, no se cumple el artículo 16 de la Constitución, que establece que ninguna religión tiene carácter estatal». Agrega que tampoco han renunciado al «sueño de confesionalizar la sociedad».

Discrepa el sacerdote francisco Varo, quien califica a la JMJ como un «encuentro festivo con el mensaje de Jesús», con respuestas «satisfactorias» para la persona y la sociedad. Piensa que será la oportunidad de «clarificar ideas» con referencias sólidas para ser más independientes y menos manipulables. La JMJ sería una forma de «indignación», comenta, una «rebelión alegre». También servirá de enriquecimiento personal al poder conocer infinidad de experiencias vitales diferentes.

Por su parte, el sociólogo Alfredo Rodríguez Sedano entiende que los jóvenes asistirán «sedientos de propuestas y alternativas», cansados de la «vaciedad» de la sociedad actual, pues el problema grave en Europa y España es, en su opinión, la «secularización».

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