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Bazares chinos tamaño Ikea

Los productos asiáticos de todo a cien comienzan a ofrecerse en grandes superficies. Ante las críticas a la calidad, los dueños recuerdan que pasan registros de aduanas


a coruña/la voz.

No son precisamente los almacenes Harrods, pero tienen de todo. Desnudos de glamur y escaleras mecánicas, los bazares chinos han cobrado una nueva dimensión. En los últimos meses se han reproducido por toda Galicia grandes almacenes con productos asiáticos a precios, en muchos artículos, por debajo del coste de los fabricados en España. Se ubican en polígonos industriales o en grandes naves a orillas de importantes carreteras. Y en su interior el ajetreo del numeroso público se mezcla con el de trabajadores chinos que vierten numerosas horas en el negocio del clan.

A mediados de diciembre abrió sus puertas Merkasia, uno de los hipermercados de productos orientales más grandes de la comunidad con 2.500 metros cuadrados salpicados de elevadas estanterías y 150 plazas de aparcamiento que se encuentra en la N-VI a su paso por el municipio de Sada. Un paseo por sus pasillos revela lo ecléctico de este tipo de negocios. Así, bajo una réplica en plástico de la Virgen de la Concepción se ofrece la muñeca Andrea; enfrente a los felpudos cuelgan espadas pirata de juguete; los tangas rojos comparten espacio con gruesas fajas color carne; hay moldeadores de pelo bajo el estante de fundas para gafas de sol. El cliente puede, bajo el mismo techo, comprarse un chaquetón y un tubo de pasta de dientes, hacerse con calcetines y una sierra de madera a la vez. En ocasiones incluso se encuentra con productos de los que desconocía su existencia como reconocen dos jóvenes que señalan los plásticos guardamantas.

Controles rigurosos

Pero el principal reclamo no es la variedad de surtido sino los precios, que delatan que aquella no es precisamente la meca de los productos de calidad. De hecho, recientemente las autoridades autonómicas alertaron de la inseguridad en que pueden incurrir objetos que proceden del mercado asiático, especialmente los destinados a los niños. Pablo Un es uno de los tres socios que gestiona Merkasia. «La presión de todos los países influye en las fábricas chinas, está claro que no se puede cambiar y apuntalar unos mínimos de calidad de un día para otro pero se están cambiando las exigencias», asegura. Este joven empresario discrepa de la alarma despertada por el Laboratorio Galego de Consumo, que pide a los consumidores especial vigilancia sobre los productos que llegan de China. «En España hay controles, pero antes los productos ya pasan un registro de aduanas, si en ellas se percatasen de algo anómalo quedarían requisados», señala Pablo Un. «Los juguetes son peligrosos en la medida en que los padres den a sus hijos productos destinados a niños más mayores», añade.

Ante la mala fama de los productos asiáticos, asegura que «en China también hay objetos y prendas de calidad elevada pero, al igual que el resto, se encarecen con las tasas de aduanas y transporte, lo que llegaría al mercado español con precios demasiado elevados para darles salida». Personas vinculadas a Pablo Un han abierto recientemente otro gran bazar en Arteixo mientras sus socios de Merkasia regentan naves similares en las provincias gallegas del sur. Asegura que en el local de Sada «la mitad de los productos proceden de China y la otra mitad de proveedores españoles». Y añade: «Pero nos hemos dado cuenta de que algunos de nuestros proveedores y marcas españolas de las que nos abastecemos también fabrican en China».

Proceda de donde proceda, los grandes bazares se han visto obligados a reponer género durante la avalancha navideña. «Nuestro público es de clase media baja, gente que no se puede permitir productos caros», dice Pablo Un. Es también un termómetro para la crisis. La jornada previa a la noche de Reyes la clientela acudió en tromba a Merkasia.

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