Luis Liz Marzán: «En Galicia se puede hacer ciencia competitiva a nivel mundial»

El químico obtiene el premio DuPont, impulsado por el nobel Severo Ochoa, por su «alto impacto científico» y su capacidad para liderar desde Vigo un grupo internacional


redacción/la voz. 19/11/2010 02:00 h

Es uno de los científicos gallegos de mayor prestigio internacional y uno de los pioneros mundiales en el estudio de la síntesis, caracterización y aplicaciones de las nanopartículas metálicas, fundamentalmente oro y plata. A partir de las propiedades ópticas de estos nanomateriales ha abierto la puerta a catalizadores más eficientes, a nuevos sensores químicos y biológicos y a sistemas de almacenamiento de información por métodos ópticos que podrán sustituir a los microcircuitos eléctricos. La trayectoria de Luis Liz Marzán, director del grupo de Química Coloidal de la Universidade de Vigo, le ha valido en los dos últimos años la consecución de los premios de la Real Sociedad Española de Química y el Humboldt, este de carácter internacional, reconocimientos a los que ayer se unió la concesión del Premio DuPont de la Ciencia, impulsado hace veinte años por el nobel Severo Ochoa y dotado con 30.000 euros. En la decisión del jurado influyó el alto impacto científico internacional de Liz en las áreas de Química y Ciencias de los Materiales y «su capacidad para crear y liderar en la Universidade de Vigo un grupo de impacto internacional que es referente en la aplicación de la química coloidal a la nanoplasmónica» (propiedades ópticas de los metales a escala nanométrica).

-¿Fue una sorpresa la concesión del premio?

-La verdad es que llevaba varios años presentándome y siempre piensas que estás ahí, aunque no lo ves claro. No estaba seguro de ganarlo, pero no, realmente no fue una sorpresa.

-Pero este, como los otros premios que ha recibido, supone también el reconocimiento a un trabajo de años en un área pionera.

-Está claro que esto no sale de la nada, sino del grupo de trabajo que hay detrás. Nuestro grupo empezó a trabajar en un tema en el que había muy pocos en España y el mérito es que con bastante esfuerzo hemos logrado situarnos con los mejores a nivel mundial en este campo.

-En cierta forma también supone el reconocimiento de que desde Galicia se puede competir en ciencia con los mejores a nivel mundial?

-Sí, en Galicia se puede hacer ciencia competitiva a nivel mundial, pero no solo soy yo, sino que hay unos cuantos ejemplos de ello.

-Pero siguen siendo casos aislados. Siempre se quejan de que hace falta masa crítica.

-Sí, faltan investigadores. No nos podemos comparar con Cataluña, Madrid o Valencia.

-La caída de la inversión en I+D no parece que ayude.

-La Xunta debería hacer un mayor esfuerzo para promover la ciencia. En otras comunidades, pero sobre todo en los países más desarrollados, se ha visto que gastar en ciencia implica rendimientos a largo plazo para la economía y la sociedad.

-El mayor peso investigador recae en las universidades, las que se siguen financiando por la docencia y no por la investigación, con lo que no pueden absorber a muchos científicos. ¿Esta situación no es una especie de embudo para captar nuevos investigadores?

-El modelo de financiación está basado en la docencia, y está claro que no puede haber un acceso infinito a las universidades basado en la docencia.

-¿Entonces?

-Habría que apostar por un nuevo modelo en el que la financiación de las universidades no solo dependa de las matrículas, sino también de la calidad de la investigación que se haga en ellas. Es necesario hacer programas de investigación de calidad y apostar más por la calidad que por la cantidad.

-Un modelo para la captación de científicos de calidad que usted ha defendido es el Icrea de Cataluña. Pero ¿no cree que en Galicia hace falta capacidad para llevarlo a cabo?

-No, no falta capacidad, sino hacer una apuesta. Si la Xunta decide gastar la cantidad de dinero que haga falta para desarrollar centros estratégicos y buscar a gente de categoría para que ello redunde también en las empresas, sí sería posible.

-Y, ante tanta precariedad, ¿cómo le va a a su grupo?

-Somos treinta personas y, en equipamientos e infraestructuras, la verdad es que la Universidade de Vigo ha apostado en varias ocasiones por nosotros. Lo que tenemos ahora es falta de espacio de laboratorio, que nos preocupa realmente.

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