Imagen:Miembros de Ergosfera, en una recreación fotográfica de un experimento consistente en la habilitación como plaza pública de un solar abandonado en el barrio coruñés de Monte Alto

Galicia descubre el urbanismo participativo

Jóvenes arquitectos colocan mobiliario para disfrutar en espacios infrautilizados


redacción/la voz.

«Si tú no participas en la construcción de tu ciudad o de tu barrio, tampoco te implicarás en su conservación y mantenimiento». Así de rotundo se muestra el arquitecto José Manuel Sánchez para definir su concepto de urbanismo participativo. Esta idea está muy arraigada en la cultura anglosajona, pero es ahora que se está dando a conocer en Galicia.

Nació en la década de 1950 en ciudades como Chicago o Detroit, que vieron surgir a grupos de estudiantes de diversas disciplinas que se preocupaban por la creciente degradación del espacio y la vida públicos en las grandes ciudades, provocada por un crecimiento especulativo. El fenómeno se extendió a todo Estados Unidos y posteriormente a Europa. En España, ciudades como Barcelona han estado siempre a la vanguardia en este tipo de intervenciones, enfocadas a que la construcción del espacio se haga desde un punto de vista sostenible, participativo y responsable.

La Escuela de Arquitectura de A Coruña ha sido el punto de partida de algunos de estos grupos, que aparecieron con el milenio. Gente joven y con inquietudes que opina que su profesión consiste en algo más que diseñar casas de ladrillo y hormigón.

Xiao Varela, José Manuel Sánchez y Jesús Carrazoni son tres de los ocho miembros con los que cuenta el estudio de arquitectura Desescribir, una iniciativa empresarial que nació en el 2003 y que siete años después funciona a pleno rendimiento. «No somos un estudio de arquitectos al uso», comenta Jesús. «También diseñamos casas como otros, pero nuestra actividad engloba desde el diseño gráfico hasta la intervención en espacios urbanos», prosigue. Xiao explica cuáles son sus inquietudes: «Normalmente as intervencións no espazo público fanse de forma vertical, de arriba abaixo, as Administracións constrúen as cidades sen atender ás necesidades reais dos seus habitantes, sen ter en conta as peculiaridades de cada espazo nin a súa historia. Isto provoca que zonas nas que se invisten centos de millóns despois estean infrautilizadas, sinxelamente porque o cidadán non participa de dita construción», concluye.

Para los miembros de Desescribir, este problema de desarraigo con respecto al entorno público es algo generalizado en Galicia. «Non sei se é algo cultural, pero o certo é que en Galicia a xente participa menos do espazo público que en outras partes de España, pode ser o clima, o peso do rural ou simplemente unha falta de cultura urbana», apunta Xiao.

Intervenciones

Entre las intervenciones de este grupo se encuentra una contrapropuesta al Plan Foster para la zona de Salgueirón, en Cangas, donde la especulación estuvo a punto de llevarse por delante zonas de alto valor etnográfico y ecológico. «El Concello nos pidió que hiciéramos un estudio de usos para esta zona, con el fin de ver qué valor patrimonial entrañaba la zona; finalmente, algunos de nuestros puntos fueron incluidos en el plan general del municipio», afirma Jesús.

En el 2009, el Colexio Oficial de Arquitectos de Galicia (COAG) se propuso hacer un estudio de las necesidades de los barrios de A Coruña. La iniciativa partía de la base de que el plan general coruñés dejaba de lado los pequeños espacios para centrarse en asuntos más globales. El estudio, denominado A cidade dos barrio s, contó con la participación de Desescribir, así como con la de otros grupos entre los que se encontraba Ergosfera, una asociación de estudiantes de arquitectura cuyo objetivo es experimentar con el espacio urbano para aprender de él. Borja Díaz, miembro de la entidad, comenta cómo surgió el grupo: «Nos juntamos en el 2003, tras un experimento organizado por estudiantes de arquitectura en A Coruña que se llamó Ingertables ». Aquella intervención, coordinada con la universidad, contó con la participación de estudiantes y profesores de diversas disciplinas como arquitectura, aparejadores o sociología: «No tenía más cometido que el de aprovechar espacios del campus en desuso para darles alguna utilidad. Para ello usamos todo tipo de materiales que la gente y la propia universidad nos cedió desinteresadamente», explica Borja.

«Después de eso decidimos que nos apetecía continuar realizando intervenciones en otros espacios degradados o infrautilizados, y por ello nos asociamos en Ergosfera», comenta, para añadir: «Entre nuestras colaboraciones están A cidade dos barrios en A Coruña o Ferrol vello, o mapa dos desexos , donde hicimos una documentación e intervención en el marco de una tesis de una investigadora de la Universidad de Turín».

Fruto de su trabajo surgieron actuaciones como la instalación de sillas en una gran glorieta del interior de un barrio que en pocos días la gente convirtió en área de recreo. En otras zonas habilitaron paneles para ver si los vecinos los usaban y la respuesta fue inmediata: enseguida los tablones se llenaron de avisos y anuncios. Lo mismo ocurrió al colocar bancos en solares olvidados, ruedas de camión en rincones infrautilizados o juegos infantiles en espacios comunes donde no había nada para los niños.

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