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Misa en latín en la iglesia de Mondoi

En la parroquia de Santa Cruz, del municipio de Oza dos Ríos, se celebra todos los domingos una misa tridentina, oficiada en latín con el sacerdote mirando al altar


Las viejas piedras de la iglesia de Santa Cruz de Mondoi, un templo del siglo XII situado en el municipio coruñés de Oza dos Ríos, siguen escuchando rezar en latín. Al menos, los domingos por la tarde. Cuando, por iniciativa de Una Voce, asociación dedicada a «preservar y fomentar la liturgia tradicional», Juan Jacobo Ardá, un sacerdote veinteañero natural de Laraxe, en el municipio de Cabanas, y con raíces en la parroquia fenesa de Santa Mariña de Sillobre, celebra una misa tridentina. Una eucaristía en la que se oficia, como era norma general antes del Concilio Vaticano II, de cara al altar.

«In nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti. Amen. Introibo ad altare Dei...» («En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Me acercaré al altar de Dios...»), dice el sacerdote, desde el presbiterio. «Ad Deum qui laetificat iuventutem meam» («Al Dios que llena de alegría mi juventud», responden los fieles, a su vez).

Un ritual del siglo XVI

La celebración sigue, paso por paso, el rito romano de San Pío V. Un rito fijado en 1570, solo siete años después de que finalizase -de ahí el adjetivo con el que ha pasado a la historia, tridentino ...- el concilio de Trento. Un concilio con el que la Iglesia quiso poner fin a todos los abusos de su tiempo; obligando, por ejemplo, a que los obispos viviesen en sus diócesis, ejerciendo la labor pastoral, y no se limitasen a ser meros beneficiarios de las rentas vinculadas a la mitra.

En el interior de la iglesia, durante la celebración, reina un recogimiento que impresiona. La actitud de la veintena de fieles que participan en la celebración le permite a uno viajar a través del pasado. El oficiante mira al altar. En realidad, a Oriente, aprovechando la posición del templo, en el que las figuras de sus capitales parecen recuperar su significado original -y, por tanto, la vocación de hacer reflexionar al hombre sobre el bien y el mal, caminos tan diferentes- en medio de una solemnidad que sorprende.

«Indulgentiam, absolutionem et remissionem peccatorum nostrorum tributa nobis ominipotens et misericors Dominus...» («El Señor omnipotente y misericordioso nos conceda el perdón, la absolución y la remisión de nuestros pecados...»), dice el oficiante. Y los fieles responden, a coro, «Amen».

La postura de la Santa Sede

La utilización de este rito está plenamente avalada por la Santa Sede, subraya el presidente de la asociación Una Voce para la provincia de A Coruña, José María Permuy. Y en este sentido, subraya que por el rito tridentino se oficia al amparo «del motu propio promulgado por el Papa en el año 2007».

Permuy quiere subrayar, además, su agradecimiento al arzobispo de Santiago, Julián Barrio. «Él mismo fue, cuando nos entrevistamos con él -relata el dirigente de Una Voce-, quien nos indicó que con este rito se oficiase en esta iglesia, y en él no hemos encontrado más que colaboración».

«Todos mirando hacia Dios»

La Asociación Una Voce, apunta además su presidente coruñés, no solo quiere extender el uso del ritual de San Pío V, sino en general «toda la cultura gregoriana», con especial atención, también, al canto coral. Una cuestión, esta, en la que también insistía el domingo en Oza o Juan Manuel Rodríguez, presidente de Una Voce en Sevilla, defensor de la solemnidad de la liturgia tridentina, «con todos mirando hacia Dios». E idéntica opinión sostiene Carlos, brigantino, estudiante de Derecho y acólito habitual de Ardá, para quien este rito hace posible sentir a Dios más cerca.

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