Imagen:Un sacerdote da la comunión durante una misa en el Vaticano

El Vaticano podría poner coto a las comuniones que se dan en la mano

El papa Benedicto XVI solamente distribuye la eucaristía en la boca, con los fieles arrodillados


Entre las propuestas de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos que el Papa tiene actualmente en estudio, está la de limitar las comuniones que se dan en la mano. La agencia de información católica ACI señala que -atendiendo a la propuesta formulada por el dicasterio que actualmente tiene como prefecto al cardenal español, y ex arzobispo de Toledo, Antonio Cañizares- Joseph Ratzinger está buscando una fórmula que permita potenciar la «sacralidad del rito», devolviendo a la adoración de la eucaristía su verdadero «sentido». Los prelados que se agrupan en el dicasterio que preside el purpurado hispano (los mismos que han propuesto al Papa que se incremente la presencia del latín en la liturgia y que al menos durante la consagración el sacerdote mire hacia Oriente, como antes del Concilio Vaticano II) consideran que también en este campo hay que «poner un freno» a la «creatividad inoportuna».

Y su criterio ya es, de por sí, muy cercano al del propio Papa. Como se desprende de los gestos con los que Benedicto XVI habla al mundo, pero también de lo manifestado por su entorno. A día de hoy, el Pontífice solamente distribuye la eucaristía en la boca, con los fieles arrodillados. Al menos desde el 22 de mayo del pasado año, festividad del Corpus Christi, únicamente ha dado la comunión de esa forma. Algo con lo que, de acuerdo con lo manifestado por quien es una de las máximas autoridades en el ámbito del ceremonial pontificio, Guido Marini, a L'Osservatore Romano en unas declaraciones concedidas a raíz de la decisión papal, Joseph Ratzinger viene a «subrayar la vigencia de la norma válida para toda la Iglesia».

«Sentido del misterio»

La modalidad preferida por el Papa para distribuir el sacramento subraya -también en opinión de Marini- «la verdad de la presencia real en la eucaristía, ayuda a la devoción de los fieles» e «introduce con más facilidad en el sentido del misterio». Hay cosas, sostiene monseñor Marini, que, más allá de su procedencia anterior o posterior al Concilio Vaticano II, «pertenecen al tesoro de la Iglesia de siempre, y como tal deben ser consideradas».

De la misma opinión es el joven sacerdote gallego -natural de Laraxe, en Cabanas- Juan Jacobo Ardá, miembro de la Asociación Una Voce, que impulsa la celebración de la misa por el llamado rito tridentino. El rito romano codificado por el Papa San Pío V en el año 1570. Un rito especialmente solemne que hace que, durante su celebración de la misa, Ardá se sienta «más próximo al misterio». Y que lo acerca, dice, a la «raíz de la tradición».

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