El rey Carlos I, hijo de Felipe el Hermoso, se casó con su prima hermana Isabel de Portugal

El «hechizo» genético de los Austrias

Genetistas de la Universidade de Santiago demuestran que doscientos años de consanguinidad provocaron la degeneración y extinción de la dinastía real española


Felipe I el Hermoso inició la dinastía y Carlos II el Hechizado

la enterró. La época de los Austrias españoles es la historia de una decadencia genética, de un declive fruto de la suma de relaciones entre monarcas de la misma familia arrastradas durante casi 200 años. De repetidas uniones entre primos segundos y primeros, de entre tíos y sobrinas que fueron acumulando repeticiones en el genoma hasta alcanzar el culmen de la degeneración con el último de la estirpe : el Hechizado. Padecía raquitismo, tenía la cabeza grande, el corazón pequeño, escasa musculatura, era infértil y a los 30 años parecía un auténtico anciano.

«A Carlos II lo conocían como el Hechizado, pero en realidad su hechizo fue el de la consanguinidad», sentencia el catedrático de Genética de la Universidad de Santiago Gonzalo Álvarez Jurado. Su equipo, integrado por Francisco Ceballos y Celsa Quinteiro, ha confirmado mediante un estudio genético en el que se rastreó la genealogía de la rama española de los Habsburgo, con el análisis de más de 3.000 personas, lo que los historiadores ya intuían: la endogamia mató a los Austrias.

Carlos II es el ejemplo más palpable de la degeneración genética propiciada por los sucesivos cruces entre miembros de la misma familia. La investigación ha revelado que tenía un coeficiente de consanguinidad (tanto por ciento de genes idénticos del padre y de la madre) del 25%. Esto supone que en la cuarta parte de su genoma se repetía la misma secuencia en un cromosoma que en su homólogo. O dicho de otra forma, genéticamente es el fruto de una relación incestuosa, como la de un padre con su hija o entre hermanos. Sin embargo, sus padres, Felipe IV y Mariana de Austria, eran tío y sobrina. ¿La explicación? El efecto de arrastre de 16 generaciones cruzadas le jugó una mala pasada: liquidó al último de su especie, deforme y sin posibilidad de descendencia.

«Los historiadores habían dicho hace tiempo que la consanguinidad había sido la causa de la extinción de los Austrias españoles, y nosotros lo constamos», explica Álvarez Jurado, cuyo trabajo ha sido publicado en la revista científica PLoS ONE . Los investigadores gallegos realizaron el estudio a partir del rastreo genealógico de 16 generaciones y de sus relaciones de parentesco. A partir de estos datos calcularon el coeficiente de consanguinidad mediante algoritmos genéticos. La media de los monarcas estudiados fue del 12,9%. La del primero, Felipe el Hermoso, solo alcanzaba el 2,5%. «Lo que nos gustaría ahora es ir a El Escorial a tomar una muestra de ADN de Carlos II para poder corroborar nuestros datos. Sería interesante poder comprobar si padeció las enfermedades genéticas que nosotros predijimos», apunta Gonzalo Álvarez. El trabajo de su equipo ha sido el primero en el mundo en el que se siguió el rastro de consanguinidad de una dinastía.

Elevada mortalidad

Un aspecto clave que ha quedado demostrado es la existencia de una relación entre mortalidad y el coeficiente de consanguinidad. De hecho, en los primeros reyes la supervivencia de los hijos era muy alta, pero posteriormente el hechizo genético les pasó factura. Para llegar a esta conclusión, se analizó el grado de mortalidad entre los niños de la dinastía menores de 10 años, en los que se probó que la supervivencia era mucho menor a medida que el grado de genes idénticos recibidos del padre y de la madre era mayor.

En este aspecto, el hecho que más ha sorprendido a los investigadores ha sido la elevada tasa de mortalidad en los niños de los Habsburgo nacidos de las uniones entre primos carnales. Morían casi 18 de cada cien niños antes de cumplir los 10 años, un índice cuatro veces más alto que el establecido en estudios recientes sobre las defunciones en vástagos de primos.

El trabajo ahora culminado podría tener continuidad con el estudio genético de la rama austríaca de los Habsburgo, cuyo coeficiente de consanguinidad se cree que aún es mayor.

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