Próxima asignatura para la nueva Bolivia

En uno de los países más empobrecidos de América hay mucha tarea pendiente, desde la salud al respeto a la mujer


En La Paz se ha anunciado que, desde esta semana, Bolivia ha pasado a engrosar el muy selecto -por escaso- club de países americanos en los que la tasa de analfabetismo no llega al 3%. Asignatura que solo tienen aprobada un puñado de países, entre los que no se encuentran los más desarrollados Brasil o Argentina. Se ha alfabetizado a más de 800.000 personas en los últimos años.

Pero conviene no bajar la guardia. Bolivia es uno de los tres países americanos (junto a Guatemala y Haití) con peores índices de desarrollo. Quedan muchas asignaturas por aprobar. Patricia Ramos dice que los avances «son lentos», y que ellas, las mujeres, son las grandes damnificadas por la pobreza. «Os niveis de violencia machista son moi altos, con estatísticas que indican que sete de cada dez mulleres sofren violencia», relata desde La Paz, donde se instaló hace diez meses en su primer destino internacional. Coopera para la Xunta evaluando los trabajos que Galicia financia en ese país para la cobertura de necesidades básicas y de educación, visitando los proyectos en el terreno, contactando con otras organizaciones... También participa en una iniciativa de la Aecid, en un programa integral (salud, fortalecimiento de asociaciones, protocolos que seguir ante casos de violencia machista...) para las mujeres, en el norte de Potosí, en una de las zonas más pobres de Bolivia. Detrás de la iniciativa está un viceministerio de Género.

«Este é un país fermoso que está marcado por fortes desigualdades -recalca- e índices de pobreza que afectan, sobre todo, á poboación indíxena e, entre todos, ás mulleres». El reto es notable, pero «non se produce un cambio estrutural real a corto prazo», cuenta. Insta por ello Patricia a que se evalúe de forma «crítica» los efectos que produce el trabajo de todos los agentes de cooperación. La misma percepción, crítica, que ella mantiene desde que comenzó a implicarse en movimientos sociales, aunque a escala más local. Iba para historiadora o crítica del arte, pero dio un giro y decidió que quería trabajar en el ámbito social, «especificamente en temas de igualdade».

Escuchar y conectar

Lleva diez meses en el Cono Sur americano, y dice que en su trabajo «é fundamental a escoita e a empatía, e ter unha actitude crítica e construtiva, sobre todo cunha mesma». Esa actitud se acompaña de otra, la de la esponja, la de aprender constantemente (también a nivel más técnico sobre lo que es la propia cooperación internacional), la de saber «manexarte en situacións novas, comunicarte doutro xeito...». Y «valorar o día a día que vives». Declaración de intenciones en un trabajo que le llena, y del que su familia, agrega, está contenta. «Son unha desas persoas -describe- que ten entre as súas paixóns coñecer, vivir e participar doutras realidades, todo iso foi o que me motivou a ir ao Sur».

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