En busca de la igualdad en Honduras

María Castro coopera en un proyecto para combatir la violencia machista en un país centroamericano, olvidado tras el «Mitch», que sufre grandes discriminaciones


Hay quien toma la cooperación como un oportunista viaje de aventuras. Otros, la mayoría, lo ven como un intercambio de igual a igual y se dejan ir como una esponja, absorbiendo todo lo que van viendo y oyendo en su camino. De los primeros mejor olvidarse. Entre los segundos está María Castro Serantes, entre esos que conciben la cooperación internacional como un contacto diario con gente, pero también «como un parche», como ella dice. «Será así mientras a la parte privilegiada del mundo no le apetezca dejar de vivir, consumir y utilizar a la otra parte a su antojo», opina esta ferrolana a la que, camino de los 31 años, un curso Erasmus en Portugal terminó por orientar definitivamente: «Llevaba tiempo sintiendo que mi entorno se me hacía pequeño y que necesitaba conocer otras cosas. No tenía claro por dónde enfocar mi vida laboral y sentía que me faltaban referentes en mi entorno. No había viajado mucho hasta el momento y sentía que no sabía demasiadas cosas de lo que pasaba fuera de Galicia, de cómo era la vida en otros países».

Así que primero fue Lisboa, y luego Francia, Madrid y Marruecos, los tres últimos destinos ya con idea de completar su formación en Sociología con la vinculada a la cooperación, en la que que empezó a involucrarse con la Cruz Roja y un máster específico. «Este sector está cada vez más profesionalizado», recuerda.

Y después de todo aquello, Honduras, un país que en 1999 fue portada de todos los medios tras el desastre del Mitch y que hoy está olvidado en la agenda internacional, aunque no haya logrado salir aún de aquella catástrofe. El suyo es un trabajo ligado a la educación y a la prevención de la violencia machista, y que también tiene que ver con lo que dejó aquel huracán, porque actúa en barrios que se crearon para albergar a los damnificados; y con organizaciones que surgieron tras aquel drama.

Así que el trabajo de María, vinculado a la Agencia Española de Cooperación Internacional al Desarrollo (Aecid), se desdobla con las oenegés locales, «las verdaderas protagonistas». Por una parte, con el Centro de Estudios de la Mujer-Honduras, que combate la violencia contra las mujeres, segunda causa de muerte entre las de edad adulta del país. Por otro lado, con el Grupo Juvenil Dion en un barrio bastante marginal, sin demasiadas posibilidades formativas y laborales para los chavales, trabaja en un proyecto de desarrollo educativo, familiar y comunitario. «El objetivo es mejorar el desarrollo de la población joven y la prevención de hábitos no deseados, como el abstencionismo, fracaso escolar, violencia, integración en maras [bandas organizadas], abuso de drogas, embarazos en la niñez, violencia machista?».

Esa frenética actividad, dice, le da satisfacciones regularmente, «ver los pasos que das, el contacto con la gente, conocer otras realidades?». Aunque la mayor de ellas la recibió cuando se inició en la cooperación; estaba en Chefchaouen (Marruecos) y era 8 de marzo: «Tras dos meses de trabajo a destajo, conseguimos que estuvieran cien mujeres del rural, la mayoría de las cuales nunca habían salido de su aduar [poblado] y era la primera vez que participaban en un encuentro de ese tipo. Incluso aprovecharon para hacerse la carta nacional, muchas ni siquiera tenían documentación».

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