Daniel Tammet, de 28 años, tiene síndrome de Asperger

Llevan a un libro la vida de un genio matemático autista

Daniel Tammet es capaz de recitar más de 22.500 decimales del número pi. Su vida ha sido llevada a un libro


«Nací el 21 de enero de 1979, un miércoles. Sé que era miércoles porque para mí esa fecha es azul, y los miércoles siempre son azules, como el número nueve o el sonido de voces discutiendo». Así comienza Daniel Tammet, un inglés de 28 años, la historia de su vida, marcada por una enfermedad, el síndrome de Asperger: «Sufro una afección conocida como síndrome del genio autista, de la que se sabía poco antes de que la describiese el actor Dustin Hoffman en la película Rain Man».

Este fin de semana se publica en España el libro Nacido en un día azul (Editorial Sirio), que recoge la sorprendente historia de una persona que en estos momentos, según fuentes de la editorial, «tiene el récord europeo de recitar los decimales del numero pi, obtenido tras enumerar durante más de cinco horas sus 22.514 primeros dígitos». Y es que, según cuenta en su libro (traducido por Miguel Portillo), «los números son mis amigos y siempre han estado cerca de mí» y cada dígito tiene su propia personalidad: «El 11 es simpático y el 5 es chillón, mientras que el 4 es tímido y tranquilo. Es mi número favorito, me recuerda a mí mismo».

Tammet explica que a su experiencia visual y emocional de los números los científicos le llaman sinestesia, que en su caso además «es de un tipo poco común y muy compleja, pues veo los números como formas, colores, texturas y movimientos». Y cita ejemplos de ello: «El número 1 es de un blanco brillante y luminoso, como si alguien me enfocase a los ojos con una linterna. El 5 es como un trueno, o como el sonido de olas rompiendo contra las rocas. El 37 es grumoso como las gachas, mientras que el 89 me recuerda a la nieve cayendo».

Sin tener que pensar

Si esta visión es sorprendente, no lo es menos las explicaciones de este genio a la hora de explicar cómo hace los cálculos, para los que no usa papel: «Cuando realizo una multiplicación, veo los dos números con formas específicas. Luego la imagen cambia y aparece una tercera, que es la respuesta correcta. Este proceso se realiza en cuestión de segundos y de manera espontánea. Es hacer operaciones matemáticas sin tener que pensar». De todos modos, confiesa que cuando está nervioso o inquieto se dedica hacer cálculos numéricos porque eso lo relaja.

A Tammet, tardaron mucho en diagnosticarle este síndrome, el mismo que padece uno de sus hermanos, de 21 años. Ahora lleva una vida de cierta normalidad, vive con su pareja y ha fundado una empresa de idiomas a través de Internet, además de una página propia (www.optimnen.co.uk).

No puede coger el bus

De todos modos, hay actividades sencillas, como coger un autobús, buscar una calle o cubrir un impreso, que le suponen un notable esfuerzo.

Además, su enfermedad también le afecta al lenguaje, a la manera de percibir las palabras: «El término ladder (escalera de mano) es azul y brillante, mientras que hoop (aro) es blando y blanco. Lo mismo sucede cuando leo palabras en otros idiomas: jardin, el vocablo francés, es de un amarillo borroso, mientras que hnugginn (triste, en islandés) es blanco, con muchas motas azules». Claro que esta forma de percibir le ayuda a aprender idiomas «fácil y rápidamente». En estos momentos habla diez idiomas, uno de ellos, el islandés, adquirido en solo una semana.

A pesar de las dificultades, sostiene que si hace unos diez años «alguien les hubiese dicho a mis padres que yo iba a ser independiente, con una relación amorosa y una carrera profesional, no se lo hubiesen creído, e imagino que yo tampoco».

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