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¿El fin de los pinganillos para copiar en los exámenes de selectividad?

La presencia de drones equipados con un sistema capaz de detectar cualquier transmisión sospechosa que se registre en las aulas amenaza a los alumnos más tramposos


Este miércoles se enfrentan a la selectividad cerca de 200.000 alumnos españoles, entre los que hay 10.627 gallegos. Todos los estudiantes que han superado el Bachillerato y que aspiran a entrar en la universidad, afrontan un examen de tres días en el que se miden los conocimientos que han adquirido a lo largo de muchos años. Se juegan su futuro en unas horas, ya que buena parte de la nota de corte que se exigen en las carreras sale de estas pruebas. Los nervios afloran. Y algunos, ante la pesadilla de quedarse en blanco, recurren a las chuletas. Los tradicionales apuntes en miniatura sobre papelillos aparentemente desordenados, rayar anotaciones con la punta de un compás sobre un buen lote de bolígrafos, no vaya a ser que se estropeen cinco bolis de golpe (tienen que ser bic) o tatuajes en los brazos para unas horas... La universalización de los teléfonos móviles ha traído consigo una evolución en el arte del copiado, pero también sigue presente la táctica más antigua y posiblemente también la más extendida, que es la de echar un buen ojo al examen del de al lado, aún con el riesgo de que sea un zopenco.

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Imagen de archivo de la Escuela Técnica de Arquitectura, en A Coruña.

Los profesores, normalmente los encargados de vigilar los exámenes, muchas veces se encuentran indefensos, ya que por regla general son pocos ojos para controlar aulas en las que pueden acumularse hasta dos centenares de alumnos dispuestos a aprovechar cualquier mínima oportunidad. Pero puede que los controladores estén a punto de encontrar a un buen aliado para detectar a los copiones.

El equivalente chino a la selectividad es el gaokao, examen al que cada año se enfrentan nueve millones de alumnos que optan a entrar a la selectividad. Las aulas están todavía mucho más masificadas que las españolas, y los profesores, literalmente, no dan abasto. Por ello han tenido que recurrir a la tecnología. En la ciudad de Luoyang han adelantado por la derecha a los alumnos tramposillos más tecnológicos con la implantación de un drone anti copiones.

Este juguete no tripulado que se sostiene en el aire mediante la acción de seis hélices, es capaz de monitorizar el examen y de detectar señales de radio en medio kilómetro a la redonda por lo que cualquier transmisión sospechosa que se produzca dentro del examen, está en peligro.   

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Selectividad Universidad
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