Imagen:Santiago aprovecha ahora la zona cubierta que tiene el panteón para dormir.

Adiós al nicho-cama del camposanto

El Concello de Fisterra selló la tumba en la que vivía un peregrino de Ciudad Real


carballo / la voz

Santiago se quedó sin casa, aunque la casa no era suya. El peregrino de «treinta y pico» años, que llegó a Fisterra hace casi cuatro meses, se quedó el martes sin el nicho del cementerio nuevo de Fisterra que ocupaba -diseñado por César Portela, terminado a medias hace doce años y aún sin estrenar-, con excelentes vistas a la bahía desde la ladera de Cabanas, en el cabo.

De vuelta de Santiago de Compostela, este ingeniero técnico natural de Agudo (Ciudad Real) se encontró con que los obreros municipales habían colocado una lápida en su hueco, operación no le ha gustado nada: «He tenido una larga conversación con el alcalde y le he preguntado si no le daba vergüenza hacer esto precisamente en estas fechas». Cree que la decisión se debe a la «presión de otra gente», utilizándolo a él como «moneda de cambio», habiendo como hay, dice, «otros problemas que resolver».

Considera que, si alguien quiere que se vaya, deberían ser los fisterráns los que se lo digan, algo que piensa que no ocurriría porque con los vecinos tiene «una excelente relación». Y, además, asegura que los operarios han dejado dentro de la tumba una pertenencia suya, «algo personal y muy importante». El alcalde, José Manuel Traba, afirma que, si es así, se le devolverá todo lo que es suyo. También es cierto que eso que dice que quedó dentro estaba oculto.

Santiago (prefiere no revelar su apellido) asegura que también se ha encargado de cumplir una especie de función social y de protección, ya que otros visitantes habrían intentado seguir su senda, abriendo más nichos para quedarse (tal vez al estilo de los hoteles colmena japoneses), pero él -dice -se lo impidió.

No obstante, como el sitio le gusta, asegura que se quedará un tiempo. Ahora duerme «en el porche», comenta con humor, en referencia al pequeño espacio cubierto situado justo delante de las tumbas. No le asusta la soledad -«una excelente compañera cuando uno se lleva bien consigo mismo»- ni el frío, gracias a su saco de dormir. Ayuda a alguna gente y recibe otras cosas a cambio. Ayer, por ejemplo, se estaba comiendo un congrio con patatas. Y el fin de año, también en el fin del mundo.

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