«O meu pai levábame en moto a escoitar música a Lantaño»


15/05/2017 09:56 h

Casiano Mouriño exploró en su árbol familiar y solo encontró algún primo lejano y un tío abuelo en Argentina que se dedicaran a la música. Por eso agradece a su padre que desde Meis lo llevase en moto cuando se lo pedía a escuchar a la Banda de Lantaño, en Portas. Llegó a Santiago hace treinta años, pero antes hizo la mili en Marín, en la banda de la Escuela Naval, pero «o militar non me gustou».

Cuando se hizo con la plaza de saxo barítono en Compostela, el profesor García Abril le recomendó que mirase más alto y que estudiase para director en Valencia. Le costó un esfuerzo personal grande porque ya estaba casado con su mujer, una gallega de Ribadumia hija de emigrantes en Alemania con la que se instaló en Fontiñas, pero valió la pena. La pareja -tienen dos hijos «compostelanos» de 23 y 20 años- estrenó prácticamente el polígono en el 93, pero cuando tuvieron oportunidad no se fueron muy lejos, unas calles más abajo. «É un barrio moi completo», afirma.

Sensación de provisionalidad

Entre Fontiñas, el Auditorio de Galicia y el casco histórico discurre la vida de Mouriño, que ya no se ve en otro destino. Rápido y espontáneo en la palabra, pero siempre muy comedido en sus reflexiones, no oculta cierto hastío por vivir con sensación de provisionalidad, pero entiende que para una Banda son fundamentales los ciclos en la dirección, «renovarse cada catro ou cinco anos, que é bo para todos». Y también echa de menos algo que no le dieron en su etapa de formación como músico: «A psicoloxía. Aquí cada un é do seu pai e da súa nai, pero como director tes que sacar o máximo rendemento de cada un, e iso só o aprendes no día a día».

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