Sale de prisión el autor confeso del robo del Códice Calixtino

Manuel Fernández Castiñeiras ha abandonado Teixeiro poco antes de las 17.00 horas. El auto judicial le impone la prohibición de entrar en la Catedral

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GUSTAVO RIVAS
GUSTAVO RIVAS

Después de que, por la mañana, la Audiencia Provincial de A Coruña decretase la puesta en libertad del ladrón confeso del Códice Calixtino, Manuel Fernández Castiñeiras ha salido a las 17.00 horas de prisión. Castiñeiras abandonó Teixeiro acompañado de su mujer y de su abogada. El autor del robo no ha querido hacer declaraciones, pero su abogada, Carmen Ventoso, ha asegurado a las puertas de la cárcel que el proceso seguido hasta la fecha había perjudicado a la defensa y mantenido en Teixeiro al acusado más tiempo del necesario. Ventoso también ha afirmado que sus recursos no se han cursado a la Audiencia.

Castiñeiras, que llevaba desde julio en la prisión de Teixeiro, ha podido abandonar la cárcel porque el juez que instruye el caso, José Antonio Vázquez Taín, ya ha terminado la instrucción y dictado el auto por el que se incoa la apertura de procedimiento abreviado. El asunto ha entrado por tanto en la fase en la que el fiscal debe de redactar su escrito de acusación y la letrada del acusado el de defensa. Después, se fijará la fecha del juicio.

El auto establece que Manuel Fernández Castiñeiras tendrá que comparecer todos los lunes por la mañana en el juzgado de instrucción número 2 de Santiago o en el juzgado de guardia de no ser día hábil y se le impone la prohibición de entrar o de permanecer en la Catedral de Santiago o en los edificios anexos, con aviso de que el incumplimiento de lo acordado podría suponer la revocación de la libertad provisional. Además se le retira el pasaporte y se le prohíbe expresamente abandonar el territorio español.

La defensa de Manuel Fernández Castiñeiras había solicitado en varias ocasiones su libertad. Hasta ahora había sido siempre rechazada, primero porque aún se estaban recabando pruebas para la instrucción del caso y después porque se descubrió que el ladrón del famoso libro tenía un arma de fuego y era tirador, por lo que se le mantuvo en prisión porque se temía por la vida del exdeán de la catedral de Santiago, José María Díaz, al que Castiñeiras había manifestado que quería vengarse de él por una disputa laboral que ambos mantuvieron cuando el acusado trabajaba como electricista del templo.