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Poco jardín para tanto pazo

La zona verde de la Algalia de Abaixo no entusiasma al vecindario


santiago / la voz

A los santiagueses que en la mañana del lunes se acercaron por los jardines del Pazo de Amarante les pasó lo que a Adán y a Eva. El jardín prometido debió saberles a poco y tal como señalaba Joaquina, una de las veteranas vecinas de la zona que decidió pasarse por el lugar, el pretendido paraíso de árboles y flores se quedó en un mero «jardín, pero con reservas».

«La verdad es que llevé algo de desilusión, imaginé que el jardín sería acorde con la casa», añade su compañera Maricruz. De la misma opinión son Josefa y Pituca. Las cuatro dicharacheras amigas creen que el jardín del pazo no se corresponde con la grandeza que se esperaba de un edificio tan emblemático como este, por cuyos pasillos tuvieron la ocasión de pasear en su juventud, cuando pertenecía a la familia del marqués de Figueroa. Falta a su juicio un poco más de colorido y vistosidad, algo que según ellas podría arreglarse con unas flores dispuestas aquí y allá. «¡Si por lo menos tuviera unos rosales o algo!, añade Josefa.

Más bancos y agua en la fuente tampoco vendrían mal para intentar dotar al lugar de un toque especial que acabase con la desilusión que mostraron los curiosos que quisieron contemplar de primera mano qué se escondía tras el portal de la parte posterior del Pazo de Amarante. Todos coincidieron en valorar como positivo la apertura de este tipo de espacios al público. Sin embargo, también todos aludieron al gran chasco que se llevaron tras visitar el lugar. Demasiadas expectativas se vieron frustradas al pisar la hierba y aunque la mayoría de los que hasta allí se acercaron se mostraron generosos y quisieron darle una segunda oportunidad al lugar concediéndose otra vuelta más por el escaso recinto, lo cierto es que ni repasando minuciosamente cada árbol pudo encontrarse ningún encanto al pequeño parque.

«Francamente, no tiene nada, apenas estos camelios, nada más, solo está la fuente, pero sin agua. No creo que sea muy interesante. Únicamente para tomar la sombra, pero ya tenemos los otros parques muy cerca», señaló Manuel Feteira, quien no mostró mucha disposición por volver al sitio, ni siquiera cuando vive justo al lado del mismo, pues su casa comparte muro con este recóndito espacio verde.

crónica el nuevo parque público de Amarante

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