Novatadas: ¿qué hacemos?

Novatos del Colegio Mayor de Gelmírez

Cada vez somos más sensibles a diversos tipos de violencia (machista, abuso de niños, maltrato de ancianos?). Con el paso del tiempo nos parecen barbaridades y no nos explicamos como han podido ser «consentidas» en el pasado.

Las novatadas constituyen un tipo de violencia aceptada, con la justificación de que se trata de bromas, tradiciones o actos de integración. Poco a poco, vamos siendo conscientes de que son conductas inaceptables, conductas que atacan la libertad y la dignidad, que establecen un sistema jerárquico de dominación-sumisión, e incitan a las «víctimas» a ser «perpetradores» en el futuro.

«Ayuda» es la palabra que más se repite estos días en los correos que recibimos en No Más Novatadas. Las personas que nos escriben están totalmente desconcertadas ante algunos actos calificados como novatadas: tener que pasar horas dentro de un armario con un hornillo encendido, chupar los pies de los veteranos, ser emborrachados, lamer el suelo, recibir golpes? Es fácil estar de acuerdo en que estas acciones son humillantes e incluso peligrosas. No es de extrañar que todo esto cause indignación y rechazo. La cuestión es que si nombramos novatadas más «suaves», tales como tener que acudir a las clases de las «veteranas» a tomar apuntes en lugar de ir a las propias o tener que salir a la calle en pañal; entonces la tolerancia social comienza a ser más grande, incluso se miran con simpatía. ¿Qué pasaría si trasladáramos todo esto a otro ámbito de la vida social, como por ejemplo, el laboral?

Los jóvenes reivindican la libertad, pero las novatadas tienen mucho que ver con la falta de libertad, la coacción y el abuso.

Cada uno deberíamos preguntarnos si estamos colaborando (por acción u omisión) para que este sistema injusto, humillante y peligroso perdure.

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