En el momento del accidente del jet de Airnor en Santiago, Lavacolla estaba cubierta por una densa niebla que reducía la visibilidad a cero. Esa adversa meteorología es muy habitual tanto en verano como en invierno, según vecinos de la parroquia de Carballal que tienen fincas en las inmediaciones del lugar del siniestro. Esa escasa visibilidad cobra fuerza para explicar las causas de la tragedia, pero no es la única posibilidad con la que trabajan los expertos, que apuntan a un conjunto de factores.
Fuentes próximas a los investigadores comentaron que es posible que el altímetro de la aeronave fallara y ofreciera a los pilotos un dato equivocado. De ahí que los tripulantes redujeran excesivamente la altitud antes de tiempo, sin poder recuperar altura para evitar el choque contra los eucaliptos. La zona donde se estrelló el avión tendría que haber sido sobrevolada a mucha más altura, para comenzar a bajar aproximadamente dos kilómetros más adelante. Otras fuentes apuntaron que es posible que el jet no estuviera dotado del dispositivo necesario para utilizar el sistema ILS 2-3 del aeropuerto, que permite el aterrizaje en las condiciones de falta de visibilidad que se vivieron ayer en Lavacolla. Al parecer, poco antes del accidente había aterrizado otro avión de transporte regional (ATR de Swiftair), procedente de Vitoria, sin demasiados problemas.
El avión siniestrado había salido de Santiago a medianoche del miércoles con destino al aeropuerto de Avilés (Asturias) para recoger al equipo médico que fue trasladado hasta Oporto para realizar la extracción de un corazón. El plan de vuelo se completó con el regreso a Asturias.
Con el servicio terminado, la tripulación inició el retorno a su base en Santiago. Salió de Avilés a las 5.38 horas y estaba previsto que aterrizase en Compostela a las 6.25 horas.
Más información