EL PERISCOPIO

La unidad mueve molino

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El solo hecho de que haya habido debate interno y autocrítica sobre la manera en la que se está llevando el Obradoiro supone un cambio sustancial. Porque es la primera vez que los dirigentes miran hacia dentro y no solo hacia los demás. Porque empezaba a calar, acerca de su manera de proceder, una cierta percepción que remitía al despotismo ilustrado del siglo XVIII, al «todo para el pueblo pero sin el pueblo».

Esa propuesta de asamblea abierta aún está en el capítulo de intenciones. Y no será menos importante que, cuando se celebre, sirva efectivamente para aclarar dimes y diretes, sombras y dudas que tienen mucho que ver con la manera confusa de explicar las cosas seguida por el Obradoiro hasta la fecha.

La entidad está inmersa en un proceso de conversión en sociedad anónima que va más allá de lo que se entiende por un desafío. Si no consigue dos millones de euros en las próximas semanas no podrá competir en la Liga Endesa. Superar ese reto es imperativo. Y la manera de lograrlo cuenta, y mucho. Sobre todo si no hay recelos entre quienes gobiernan la nave y quienes reman a brazo partido desde la grada. Que no haya trincheras, que el «Todos Xuntos OBRÁ» que suena en cada partido de Sar responda realmente a un mensaje de unidad tiene un valor incalculable. Porque el club es de todos los que lo sienten. Y el sentimiento no se mide solo en acciones.

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