«Tocoume isto e procuro vivilo o mellor que se pode»

Una vecina de Dodro vive volcada en la atención a sus cuatro familiares dependientes

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«Tocoume vivir todo isto e procuro vivilo o mellor que podo». Son palabras de una vecina de Bexo, en el municipio de Dodro, a la que el Concello acaba de homenajear merecidamente con motivo del Día de la Mujer Trabajadora pese a que, en su puesto diario, no se ficha a la hora de entrar. Para ella, lo que hace no tiene mérito pero lo cierto es que el día a día, año tras año, de María de los Milagros Romero Tourís, de 56 años, es digno de reconocer.

Esta mujer está dedicada por entero a cuidar de los demás, de personas dependientes de su familia y de su marido, del que también se encarga ya que tampoco se vale por sí mismo debido a una enfermedad. Además de él, en la actualidad, Milagros atiende a sus padres y al hermano de su marido, este último dependiente total en silla de ruedas.

Todo empezó hace quince años, cuando dejó su trabajo en el sector de la hostelería para cuidar a la abuela de su marido y, después, al abuelo. Dejó su vivienda para irse a la de los abuelos políticos en Bexo y con la idea de volver a la suya, idea que hoy ya no alberga.

Jornada

Milagros no tiene que fichar porque no hay hora de inicio de jornada ni de fin. «Son 24 horas de traballo, de dedicación todos os días do ano». Se levanta a diario a las ocho de la mañana para atender, primero, las faenas de fuera de la casa, como dar de comer a las gallinas, antes de empezar con las demás tareas, con el «servicio de habitacións», como dice ella.

Los únicos momentos del día que tiene solo para ella son la hora del desayuno, «a única comida que fago tranquila», y el paseo matinal en compañía de una amiga a la que recurre, junto con una prima, en caso de necesidad. Además tiene la ayuda de una persona de los Servicios Sociales del Concello en días alternos y otra contratada por ella.

«Xa non saes, non imos a ningún sitio», más allá del médico y la farmacia, cuenta Milagros que, pese a todo, no pierde la sonrisa ni el buen humor, pese a que reconoce «este traballo queima», aunque tiene la parte buena de que sus familiares dependientes son «xente moi agradecida» emocionalmente.

Ella tiene su «propio ritmo» e ya va «dereita», de la mañana a la noche, aunque también reconoce: «Paso bastante tempo sola». La radio le mitiga la soledad.

Milagros aprendió a vivir el día a día, a no pensar en el mañana, en quién la cuidará a ella, teniendo en cuenta que su hijo de 34 años también padece la misma enfermedad que hace dependiente al padre. Reza todos los días para no caer enferma.

Emocionada

El reconocimiento del Concello de Dodro la emocionó y más aún a su marido, según cuenta. Vive por y para ellos, los cuatro, que en breve podrían ser cinco, y lo hace con una sonrisa en la boca. Ella se quita méritos, dice que no hace «nada especial», solo «distinto», pero a la vista está, rodeada de la familia, que hace mucho más de lo que ella se atribuye. Ella es, sin duda, un milagro de la sociedad y, desde luego, un milagro para las personas a las que les tocó tenerla de cuidadora.

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