Geometría y fantasía en la cancha


Me viene a la mente una anécdota que me contó hace ya algún tiempo mi buen amigo Luis Bello, haciéndose eco de una vivencia de Eugenio Granell. Un día se acercó un joven al artista, después de contemplar una exposición, para comentarle que le habían gustado mucho los cuadros, pero que no los entendía. Y el pintor, referente del Surrealismo, le respondió con dos preguntas: «¿Te gustan los tomates?», ¿los entiendes? Como espectador, confieso que con el fútbol sala de Alemao me pasa lo mismo. Lo disfruto sin darle vueltas.

También debo reconocer que en la NBA soy más de Magic Johnson que de Michael Jordan, aunque no llegasen a enfrentarse; y en fútbol soy más de Iniesta que de Messi, más de Zidane que de Ronaldo; en balonmano, una disciplina menos seguida en mi caso, si me pidiesen un nombre propio el primero que me viene a la mente es el de Talant Dujshebaev. Supongo que siempre me han atraído más los jugadores que interpretan la geometría y la combinan con la fantasía, los que diseñan, inventan y le hacen la vida más fácil a sus compañeros.

Alemao encaja en ese perfil. Si se contabilizasen las asistencias, como sucede en el baloncesto, estaría el primero en el ránking. Aunque con la edad ha perdido algo de explosividad, sigue siendo un gran driblador. Y si ha conseguido hacerse con una plaza en la selección no es porque se la hayan regalado. Si le puede la morriña, al Lobelle no le será fácil encontrar un relevo. Hasta que llegue ese día, lo mejor es disfrutarlo.

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