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El ejercicio intenso no sirve para quemar más calorías

El cuerpo tiene un límite y, rebasado un cupo de gasto de calorías, no se van a quemar más, por mucho que el ejercicio sea más intenso

redacción / la voz, 29 de enero de 2016. Actualizado a las 05:00 h. 17

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La teoría es sencilla y comúnmente aceptada: a mayor ejercicio físico más gasto de calorías y, por lo tanto, mayor reducción del peso corporal. Es casi un dogma que ahora empieza a desmoronarse, porque no siempre dejarse la piel en el gimnasio o correr diez kilómetros diarios es garantía de que se vaya a adelgazar más. Y no lo es porque el cuerpo tiene un límite y, rebasado un cupo de gasto de calorías, no se van a quemar más, por mucho que el ejercicio sea más intenso. Es lo que ha observado un equipo internacional de científicos tras examinar la relación entre el gasto energético diario y el nivel de actividad física en más de 332 personas de cinco países. Las conclusiones se han publicado en la revista científica Curren Biology.

La investigación revela que cuando la actividad física supera niveles moderados, el consumo energético no aumenta, sino que se estabiliza. ¿Por qué? Porque el cuerpo humano es capaz de adaptarse a los cambios para regular y mantener el gasto total de energía.

La dieta es la clave

El trabajo en absoluto cuestiona los beneficios del deporte para la salud, pero sí advierte que a la hora de controlar el peso más importante aún que el ejercicio físico es la propia dieta, algo que ya habían sugerido investigaciones previas. «Hay muchas evidencias de que el ejercicio es importante para mantener el cuerpo y la mente sanos, pero nuestro trabajo añade que para controlar el peso también debemos centrarnos en la dieta», según explicó a la agencia Sinc Herman Pontzer, científico en la Universidad de Nueva York y autor principal del estudio.

Lo que los científicos han observado es que, a partir de un determinado nivel de actividad física, el consumo de energía del cuerpo humano no cambia, por mucho que la persona haga más ejercicio. Pero, por el contrario, sí se aprecian diferencias en individuos poco activos. «Quienes llevan una estilo de vida muy sedentario gastan unas 200 kilocalorías menos al día que aquellos que son moderadamente activos», apunta Pontzer.

Lo que parecía evidente resulta que no lo es tanto, algo que advirtió el propio Pontzer cuando trabajaba con los hadza, una población de cazadores-recolectores del norte de Tanzania. Es una población que realiza un trabajo físico muy duro en su vida cotidiana, pero que, paradójicamente, mantiene un gasto energético similar al de otras personas más sedentarias con estilos de vida urbanitas de Estados Unidos o Europa. «Esto -dice el investigador- me sorprendió y me hizo pensar en la relación entre la actividad y el gasto energético». Su sospecha se confirmó luego en el estudio que realizaron con voluntarios de cinco países de distintos continentes.

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