Desde la pequeña sucursal

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Como cada día, se dirigía hacia su puesto de trabajo, en aquel pueblo perdido de la mano de Dios. Se trataba de un empleo sin repercusión en una pequeña sucursal, una nimiedad comparada con la multinacional a la que pertenecía, aquella a la que debía rendir cuentas? aunque en ocasiones la sintiese tan lejana y ajena que apenas lograba identificarse con ella.

Se dirigía hacia su trabajo pensando en la necesidad de un cambio en el seno de la empresa. La situación se había deteriorado últimamente de forma alarmante, varios directivos a lo largo de todo el mundo se habían sumido en una vergonzosa decadencia y el presidente era un viejo ceñudo incapaz de despertar simpatías, con lo que entre todos estaban echando a perder la buena labor fraguada durante tantos años.

Sin duda, la única manera de reconducir tamaño desbarajuste pasaba por un regreso histórico a los orígenes para que el poder volviese a recaer sobre trabajadores como él, humildes empleados que se preocupaban por el bienestar de sus clientes.

Una vez en su puesto, se sentó en su lado del confesionario a la espera de que algún cliente, algún creyente, acudiese a pedir su absolución, en la sucursal de aquel pueblo perdido de la mano de? de la mano del jefe.

Juanma Ruiz Suárez, natural de Las Palmas de Gran Canaria, es químico.