Un cordón umbilical con Costa de Marfil

La asociación Komoé mantiene vivo el vínculo entre más de 40 familias españolas con niños africanos adoptados

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pontevedra / la voz 16/05/2017 05:00 h

Fátima Ferreira adoptó a su hijo en Costa de Marfil. Fue en el 2007, y por entonces era un país que recibía muy pocas solicitudes. El proceso es largo, y fue así como, poco a poco, fue conociendo a otros padres de toda España. En total debe haber un centenar de pequeños habituándose a la vida en la lengua de Cervantes, pero solo alrededor de cuarenta profundizaron en el vínculo que les une al país africano. Entre ellas hay cinco en Pontevedra -ciudad en la que tienen su sede-, tres en Vigo, tres en Santiago de Compostela, una en Lalín y otra más en Ferrol. Ahora el cordón umbilical les lleva a pagarse de su propio bolsillo a quienes pueden permitírselo una vez al año, de media, un viaje al corazón del continente negro para supervisar los proyectos solidarios que están desarrollando en él y comenzar a planificar otros nuevos.

Las obras benéficas que están levantando allí también salen de lo que los miembros de la Asociación Komoé de Ayuda al Desarrollo y Cooperación en Costa de Marfil consiguen recaudar cada año a través de mercadillos africanos en los que venden artesanía que traen ellos mismos de allí, comidas benéficas, venta de lotería, de camisetas y otra clase de iniciativas solidarias. No reciben ninguna subvención. Por eso los proyectos se escogen en función de la capacidad de la oenegé y de sus posibilidades de contar en el país con alguien de confianza que pueda supervisar las obras y dar fe de que el dinero se destina a lo que está dirigido.

Hasta ahora ni siquiera se habían dado a conocer públicamente en los medios de comunicación, a pesar de llevar constituidos como colectivo desde el 2010 y de estar presididos por una periodista. Se trata de una cuestión de prioridades, y la recaudación de fondos se impone como la principal para una agrupación que depende de sí misma y de la solidaridad de la gente. Principalmente, de los gallegos, que son quienes más niños han adoptado en Costa de Marfil. «Tal vez porque es un país bastante nuevo (en términos de adopción), y hubo algunas familias de la comunidad que lo conocieron primero, y el resto fue animándose al ir teniendo contacto con ellas», explica Ferreira.

El caso es que en los siete años que tiene de vida, Komoé ya ha dotado de material sanitario y mobiliario de hospitalización al centro de salud de Ouelle, situado en la región marfileña que da nombre a la asociación, N’zi Komoé; y de cuartos de baño y suministro eléctrico al orfelinato de Zouan Hounien, regentado por la oenegé Fundación Amigos de Canaan -que cuenta con distintos centros de acogida de menores en diferentes lugares del país-, y en el que más de 7.000 niños compartían un solo grifo.

Tras pasar por la sanidad y la atención social ha llegado el momento de volver a la educación. Tras toparse de frente con las inevitables dificultades económicas para llevar a cabo el proyecto global con el que pretendían conseguir la mejora de las instalaciones y recursos materiales del Liceo Municipal de Abobo en el 2013 y el 2014, su nuevo reto va por fases. La primera consistió en sustituir los tejados y falsos techos interiores de una escuela de educación primaria en Agboville, que supervisaron en noviembre y que tuvo un coste de 5.350 euros. La segunda -que requerirá de una inversión mayor- concluirá con la sustitución de puertas, la instalación eléctrica el agua potable y el mobiliario escolar.

Este será el único fin de la comida benéfica que, por primera vez, se celebrará en Pontevedra el sábado a las 14.30 horas en el Liceo Casino. Ese, y volver a reunir a las familias y al público interesado en conocer más sobre el país en torno a una misma mesa. Cuantas más, mejor.

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