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Rotondas no son amores

La Xunta de Galicia sigue dilatando la inversión necesaria para una reforma integral de la PO-531 pese a tratarse de la carretera autonómica con más presión circulatoria


Como en un juego de trileros, la Xunta de Galicia pretende seguir escamoteándonos la reforma que había prometido de la saturadísima carretera que discurre entre Pontevedra y Vilagarcía. En lugar de afrontar de una vez la actuación integral que se comprometió hace más de una década, la administración autonómica vuelve a escurrir el bulto de su responsabilidad en materia de seguridad vial con atajos. Se acometen diversas ñapas que apenas suman un millón de euros de gasto frente al presupuesto de casi 40 millones en que se valoró la necesaria reforma integral de una carretera tan agobiada de tráfico.

Ethel Vázquez, conselleira responsable de las obras públicas en el ejecutivo gallego, acaba de visitar los trabajos para la construcción de la rotonda de Sequeiros, en el municipio de Barro. Han sido presentados como una primera actuación para la mejora de la carretera y argumentados por la siniestralidad de ese punto, donde hay un polígono industrial que genera mucha circulación de camiones. Después de Sequeiros seguirán el reasfaltado en verano de algunos tramos de la carretera y posteriormente alguna otra glorieta como la proyectada en A Devesa, en el punto negro de la intersección de Alba.

 

Con el refranero

Dice el refrán que «obras son amores y no buenas razones» en consonancia con que las buenas palabras deben ir acompañadas de hechos. Para el caso que nos ocupa, «rotondas no son amores». Solo quizás y está por confirmar, «buenas razones».

La idea de mejorar la carretera PO 531 nació con María José Caride cuando ocupó la COTOP en el bipartito (2005-2009). Los aforos ya alertaban hace doce años de la tremenda presión circulatoria que registraba. La evolución ha ido a peor. Los balances anuales que realiza la propia Xunta, señalan que la PO-531 es la carretera con más densidad de tráfico de toda Galicia superando a viales de aproximación a las dos principales urbes de la comunidad. Soporta una media de casi 18.000 vehículos diarios. Una cifra que se dispara en Navidades y sobre todo durante las vacaciones de verano pues en agosto se superan los 20.000 automóviles por jornada.

Semejante caudal circulatorio y la tensión añadida de un crecimiento urbanístico que presiona a lo largo del trazado casi a pie de cuneta, motivaron que se plantease semejante reforma integral. Por cierto, un proyecto a su vez interrelacionado con la pretendida construcción de una quimérica nueva autovía desde Vigo a Vilagarcía a través de Pontevedra como alternativa a la autopista de peaje AP-9.

La reforma de la PO-531 se valoró en 2009 en casi 40 millones de euros, una cifra que a todas luces hoy en día se superaría. Planteaba una ampliación de calzada y un tratamiento de bulevar en diversas travesías de poblaciones. Asimismo, se contemplaba una senda para ciclistas y peatones, a fin de proteger a los transeúntes más vulnerables.

Tras la primera mayoría absoluta del PP sin Fraga, el proyecto fue heredado, inicialmente con aparente entusiasmo, por los sucesivos gobiernos de Alberto Núñez Feijoo. Pero, en realidad, los siguientes responsables de la Consellería de Obras Públicas, nos vienen escondiendo el garbanzo, como hacen los trileros con los incautos que se paran a apostar. Agustín Hernández, primero, y la actual conselleira, después, llevan cerca de nueve años «moviendo los cubiletes» con una retahíla de pretextos para esquivar la inversión necesaria para reformar ese vial.

 

Años de excusas

Hernández aprovechó las protestas ciudadanas que originó el primer y subsiguientes proyectos de reforma que se plantearon entre 2009 y 2010 para congelar el gasto sine die, en coincidencia con que las cuentas de la Xunta estaban tiesas. Para ganar tiempo se afrontó una negociación eterna con la plataforma vecinal que se creó y que aún subsiste. Ahora la construcción de unas rotondas y el bacheo de la calzada distan muchísimo de la reforma integral ambicionada por los vecinos de los núcleos de población asentados a lo largo de esa carretera.

Pero lo que ocurre en este caso de la PO-531 es, por cierto, lo mismo que subyace tras otros clamorosos retrasos de diversos proyectos viarios que se juzgaban de primera necesidad y ahora duermen en los despachos. En realidad no se produjo un replanteamiento técnico que cuestionase criterios de valoración anteriores. Simple y llanamente decisiones políticas solo explicables debido a los recortes presupuestarios y a la exigua capacidad de gasto de la Xunta.

Me refiero, entre otros, tanto al proyecto de la PO-308 entre la capital y Sanxenxo, que es como la gemela de la PO-531, también acuciada por un tráfico muy intenso y una tremenda presión urbanística que impide cualquier posible ampliación. Asimismo ha sido víctima de la «nevera presupuestaria» el desdoblamiento pendiente de la vía de alta capacidad del Salnés hasta O Grove cuya peligrosidad letal está tristemente muy acreditada. Cómo ocurría con la vía del Morrazo pero la presión social generada por los últimos siniestros mortales han desatascado -con mucho retraso ciertamente- el proyecto que ahora está en plena ejecución.

Los políticos se pirran por cortar cintas y poner primeras piedras. Pero llevan fatal que se les recuerden sus incumplimientos, que resultan más evidentes al tratarse de obras públicas prometidas.

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