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Ricardo y su calvario para alquilar un piso al que pueda entrar sin ayuda

Quiere cambiarse de casa porque en la que vive es muy pequeña, pero la falta de accesibilidad se cruza en su camino


pontevedra / la voz

Ricardo Ponte, de 26 años, quiere lo que todo el mundo: estar feliz en el sitio donde vive. Para ello, ha superado muchas metas. Nació en Perú y con una discapacidad física, una atrofia muscular que nunca le permitió andar. Aún así, y sin una pensión que le facilitase las cosas a él y a su familia, tiró hacia adelante en una ciudad, Chimbote, «con todas las barreras arquitectónicas del mundo y sin conciencia con las personas con discapacidad». Estudió informática y diseño y, ya con la mayoría de edad encima, cruzó el charco para reunirse en Pontevedra con su padre, que es trabajador del mar. Llegó hace unos tres años y movió papeles para tener la residencia, que consiguió. Está viendo cómo puede convalidar sus estudios. Acudió al Sergas para que le valoren porque él, según explica, pese a la discapacidad de momento no cobra ni un solo euro. Y empezó a ser feliz porque «Pontevedra está mucho mejor que otros sitios para ir con una silla de ruedas». Lo dice con voz alegre. Pero su tono cambia cuando habla de algo que, de un tiempo a esta parte, le trae por la calle de la amargura: la búsqueda de piso.

 

Vio ya doce inmuebles

Ricardo explica que vive con su padre en un inmueble muy pequeño, donde apenas puede manejarse con la silla. Ambos quieren cambiar de piso. Pero no lo tienen fácil: «Ya vi como doce y todos tienen problemas de accesibilidad. La mayoría tienen ascensor pero a veces este no llega hasta el bajo o, si llega, después hay escaleras hasta el portal. También pasa que el portal tiene algún escalón exterior. Yo voy con la silla eléctrica que solo sube entre tres y cuatro centímetros... es imposible subir sin ayuda un escalón así», dice. Escuchándole, cobran totalmente sentido las palabras que pronunciaba hace unos días el presidente del colegio de arquitectos en Pontevedra, Manuel Abelleira. Señalaba que no solo hay que poner ascensor en los edificios que no lo tienen, sino en hacer completamente accesibles todos los inmuebles. Ricardo asume que si buscase un piso en los edificios más nuevos no se toparía con barreras, pero remacha con una frase contundente: «Claro que me gustaría uno de esos pisos, pero sin pensión y solo con mi padre trabajando, no puede ser».

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