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«Si usan un móvil, me mareo»

La madrileña cuenta cómo se vive con la barrera de las radiaciones


pontevedra / la voz

Haberme echado colonia por la mañana es motivo suficiente para hacer esta entrevista por teléfono. Fijo, por supuesto. Delante de Minerva Palomar solo caben móviles apagados y ni rastro de inalámbricos. Esta madrileña de 42 años fue noticia hace meses al convertirse en la primera mujer en España en lograr vía judicial una incapacidad permanente reconocida por hipersensibilidad electromagnética. En su caso, esta dolencia va unida también a la sensibilidad química. Pero a pesar de todas las barreras que se le interponen, ella no quiere renunciar al mundo tecnológico del siglo XXI. Ayer viajó en avión a Pontevedra con su traje especial y su mascarilla, para participar en un acto organizado por la Asociación Pola Defensa da Ría.

¿Cómo se vive el día a día con este mal? «Pues evitando todo lo que pueda los agentes químicos y las ondas electromagnéticas -explica-. Paso mucho tiempo en casa, tengo purificadores de aire y los niveles de radiación son bastante bajos, gracias a la ayuda de mis vecinos, que han desconectado el wifi y algunos inalámbricos. Y salgo a la calle con ropa especial, fabricada para protección ante microondas, de metal, que tiene un porcentaje muy alto de plata en el hilo, y con un velo en la cabeza». El atuendo lo completa con mascarilla y una especie de burka del mismo material de su ropa en el que se envuelve para protegerse, como tuvo que hacer ayer en el avión. Reconoce que ha tenido rachas de no querer salir, porque a todo hay que unir las risas de quienes la miran. «Pero una vez me vi reflejada en un escaparate y empecé a partirme de risa por cómo iba», confiesa. «No quiero vivir encerrada -afirma Minerva- Quiero estar comunicada. Pertenezco a esta era, y no estoy en contra de la tecnología. Pero si hay problemas para la salud o riesgos potenciales que están alertando a los científicos, deberíamos tenerlos en cuenta y empezar a ver alternativas».

A pesar de la colaboración vecinal, reconoce que va a tener que cambiar de casa porque inquilinos del edificio van a instalar interfonos para bebés. «Lo han estado probando y ya me he puesto malísima -afirma-. Si la gente pudiera medir la contaminación electromagnética sabrían lo que estamos manejando. No es lo mismo que algo tenga uno que cien mil intensidad de algo. Intentaré conseguirles uno ecológico, pero ¿mañana qué va a ser? Noto que todo va en aumento. Por ejemplo, desde hace cuatro o cinco años la gente está sustituyendo los teléfonos fijos por inalámbricos». Y explica que este es el peor aparato que se le puede poner delante. «Hay gente que tiene enfrente una antena de telefonía móvil y les preocupa -subraya-, pero si vas a medir, los niveles impresionantes los da el inalámbrico de su casa. Si yo llego a un sitio y hay uno me tengo que ir».

El móvil lo mantiene, aunque siempre apagado, algo que tiene que pedir a quienes le acompañan. «Si alguien habla por el móvil, empiezo a sentirme mareada y entro en un estado de confusión. Me quedo pálida».

minerva palomar primera incapacitada por hipersensibilidad electromagnética

«Hay profesores de instituto que no pueden estar en un aula porque han puesto wifi»

Los síntomas de Minerva empezaron en el 96, de un día para otro. Se quedó literalmente sin fuerzas y comenzaron a hacerle pruebas de todo tipo. Su primer diagnóstico fue fibromialgia, luego síndrome de fatiga crónica, «entre medias la electrosensibilidad y después la sensibilidad química».

Hace seis años emprendió la batalla para conseguir la incapacidad permanente. Lo ha logrado en el tercer juicio -en los anteriores no contaba con los informes médicos de la electrosensibilidad que «costaron un dineral»- y en mayo de este año llegaba la sentencia a su favor. ¿Es un precedente para nuevos casos? «Dudo que pronto los haya porque los tiempos de la justicia son muy largos, pero que hay mucha gente afectada, sí; que estoy en contacto con ellos, sí -explica Palomar-. Y hay personas muy desesperadas. Te hablo por ejemplo de profesores de Universidad que se están jubilando o profesores de instituto que no tienen edad para prejubilarse y que no pueden estar en un aula porque en todas han puesto wifi». «A mí me ha tocado experimentar los efectos negativos muy rápido, pero estoy en contacto con oncólogos que, a nivel personal, reconocen que están aumentando los tumores cerebrales en gente joven -señala-. Otra cosa es que no se pueda cuantificar el riesgo, pero que es inocuo creo que nadie te lo va a decir».

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