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Gallinas que sustituyen al contenedor

Los compogaliñeiros es la última derivada del plan provincial de compostaje; un plan con las aves que ya se usa en Euskadi

pontevedra / la voz, 03 de marzo de 2016. Actualizado a las 11:46 h. 26

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¿Y si cada vez que se baja la basura uno se pudiese traer a cambio una docena de huevos? Gratis. Se ha hecho desde siempre. Al menos hasta que se comenzó la mecanización de la industria alimentaria. No es más que darle a las gallinas los restos de comida que se generan en la casa. Nada nuevo. ¿O sí?

Cójase la tradición, bautícese con un nombre que enganche -compogaliñeiros, por ejemplo- y aplíquesele a las técnicas ancestrales los parámetros más estrictos que la técnica moderna permite. El resultado es cero basura, muchos huevos y abono para nutrir parques, jardines y huertos urbanos.

Es la última receta que se incorporará al plan provincial de compostaje. «A avicompostaxe non resolve os problemas do lixo, pero si pode tratar unha parte dos residuos mediante un procedemento sumamente interesante», asegura el vicepresidente de la Diputación, César Mosquera. Los pormenores los ha traído desde Navarra el profesor da Universidade Pública de Pamplona Natxo Irigoien. Allí ya funcionan desde hace tres años en la localidad navarra de Noian. Con ocho mil vecinos estuvieron dándole vueltas a cómo incentivar que la gente llevase dos veces por semana la parte orgánica de la basura que generan en sus casas a un contenedor específico. Y se les ocurrió que los huevos era una buena compensación.

Pero, ¿como funciona un compogaliñeiro? Los restos de comida se le dan una vez al día a las gallinas. Lo hacen los propios vecinos. Cada vez que le toca a una familia, se pueden llevar a cambio los huevos que hayan puesto. Las aves son, a su vez, un compostero en movimiento muy potente, explica el profesor. Mientras comen, voltean y airean todos los residuos que no ingieren, estos caen junto con sus excrementos a una zona específica, donde empieza a producirse el abono. De ahí, a un recipiente estanco, donde continúa el proceso, y después, a un tercero, donde lombrices aceleran y mejoran el producto final, el abono. Las lombrices se extienden y acaban alimentando también a las gallinas. Resultado, en un año seis toneladas de basura tratadas, gallinas que no cuesta alimentar y docenas y docenas de huevos gratis para los vecinos. Aunque estos han dejado de ir solo por los huevos. El contacto de los niños con el mundo animal se ha convertido en un incentivo más fuerte para llevar la basura, asegura Natxo Irigoien. Pronto, la experiencia, en concellos de la provincia.

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