Esta noche cenarán con su otra familia, dormirán con un ojo abierto y esperarán hasta las diez de la noche del día 1 para felicitar el 2013 a los suyos. Es el turno del cuerpo de bomberos de Pontevedra que despedirá el año en el parque. Está de guardia 24 horas. Dirá adiós al 2012 y recibirá el nuevo año «con uvas y sin champán», bromean entre ellos.
Darío Gil, de 29 años, es la primera vez que trabaja en una noche tan especial, pero lejos de verlo como un sacrificio, le ve la parte positiva, que también la tiene. «Prefiero trabajar en Fin de Año que la noche de Reyes o Nochebuena», señala. Los culpables son su hijo de seis años y un bebé de cuatro meses. Es el único que esta noche entrará en la base de Pontevedra con una sonrisa. Al resto le amarga un poco más. Ya han pasado por este turno otras veces y prefieren pasarlo en casa, aunque estas 24 horas se paguen más que otra nocturnidad.
Los siete profesionales que cuidarán de que la ciudad no arda en llamas aún no tienen claro que cenarán hoy. Lo que parece inamovible es lo que comerán el día 1. «Habrá algo de marisco y buey a la piedra», dice Gil, quien reconoce que por la noche el deber manda y se conformarán con «algo ligerito, algo especial, pero distinto a lo de casa». A las diez de la noche empiezan el turno y la primera hora deben dedicarla a revisar el material. Después ya pueden poner mesa y mantel y esperar a que suene el teléfono. «Esta noche suele ser más tranquila que el primer día del año, en el que hubo veces que nuestros compañeros no se sentaron a comer hasta media tarde», explica.
Uno de los veteranos del parque de bomberos, que hoy descansa, confiesa que hay años en los que se quedan charlando hasta las seis de la mañana, pero «hoy nos acostaremos pronto, si podemos», reconoce Darío Gil, que respira tranquilo porque su mujer, farmacéutica, descansa esta noche.
Los bomberos de Pontevedra esperan que el Concello cumpla con la tradición y les mande una cesta navideña para esta noche, como ya hizo en Nochebuena. «Tiene turrones y antes traía hasta un jamón, pero ahora ya viene solo en una bandejita», bromean Rubén y Álex, que también estarán esta noche de guardia. Junto al resto de compañeros recuerdan que el año pasado tuvieron que acudir a una casa que ardió en Alba. Esperan que hoy no ocurra nada. Aunque en el parque no hay nada que recuerde que estamos en Navidad, cuando se sienten a la mesa, esa familia uniformada que les rodea no es la suya. A ellos les toca velar por que el resto de familias hoy puedan salir o dormir a pierna suelta.
darío gil bombero