Se lanzó un globo sonda y los alcaldes dijeron que no. No quieren ni oír hablar de fusiones municipales. Así que ahora se está allanando el terreno por otra vía. Acuciadas por la escasez de recursos, las arcas públicas ya no dan para todo. Y el plan b descafeinado como alternativa a la fusión ha sido la fórmula del consorcio de servicios. Y ahí se ha marcado una línea roja. Quienes compartan servicios serán primados económicamente. Los que no, no. Rafael Louzán, presidente de la Diputación de Pontevedra, lo repite desde hace meses como un nuevo mantra político.
Y la tesis quedará apuntalada tras el congreso autonómico del Partido Popular del próximo 19 de enero, en el que se abogará por la unión de los municipios limítrofes con las ciudades como ayuntamientos únicos y que las Diputaciones refuercen sus papeles con todos los otros municipios menores en población. Pero en Pontevedra hace semanas que se pisa el acelerador en este sentido. Ya se han dado pasos decididos en el consorcio de servicios. Primero será el de las basuras, que el pasado viernes sumó al impulso del PP en la Diputación de Pontevedra, el apoyo tácito del BNG. El plan pasa por una tasa única de basuras que gestionará la Diputación. Le seguirán la recogida de vehículos abandonados, el control de animales o reforzar la recaudación de impuestos, que actualmente ya hace la Diputación para 52 de los 62 concellos de la provincia.