El Pontevedra se complica

El Vilalbés fue muy superior a los granates y se mete en la lucha por el ascenso

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Choque frontal contra un muro del Pontevedra. Los granates fueron desactivados ayer por un Vilalbés que ofreció su imagen más sólida. La disciplina defensiva de los lucenses, sumada a una enorme pegada en las acciones de balón parado, fueron los dos argumentos principales para que los chairegos construyesen un merecido triunfo ante la escuadra de Milo Abelleira. Y la diferencia pudo ser más abultada si los locales hubiesen afinado la puntería cuando el choque languidecía.

El Vilalbés sacó a relucir sus credenciales desde el pitido inicial. La premisa de los de Charly fue mantener a los visitantes alejados de la portería de José Ángel. Y lo consiguieron de manera sobresaliente. El entramado ofensivo del Pontevedra fue anulado merced a la enorme disciplina táctica que ofrecieron los verdirrojos. Algún disparo lejano, junto con escasos balones colgados en acciones de estrategia, supusieron las únicas aproximaciones de un Pontevedra romo en ataque.

Los locales fueron madurando poco a poco a un adversario que no encontró el juego por dentro y que tampoco fue capaz de encontrar a sus veloces futbolistas de banda. Y, en medio de esa inoperancia ofensiva, Manu Barreiro se desquició de manera tempranera para esterilizar más, si cabe, el ataque de los granates.

Lograda la meta primaria de la contienda, la de alejar las hordas pontevedresas de su área, el Racing se asentó sobre el césped y asumió la manija del encuentro. Una tarde más, Justino se erigió en el faro ofensivo de la escuadra lucense. Y el peligro comenzó a rondar la portería de Lorenzo, sobre todo en acciones a balón parado.

En el minuto 40, el Racing selló el billete hacia la tranquilidad total. Borja aprovechó un barullo en el área después de un saque de falta desde la frontal para batir al cancerbero visitante. Explosión de júbilo de los de Charly, que certificaban con el gol la sensación de vivir una tarde de agradables sensaciones al timón del choque.

Al Pontevedra le afectó el tanto encajado. Manu Barreiro se enzarzó con Pablo Vivero en un lance y Erni culminó sin acierto un letal contragolpe de los locales.

El paréntesis en los vestuarios llegó en el mejor momento para los pupilos de Milo Abelleira, que empezaron a dar síntomas de descomposición una vez que se vieron por debajo en el marcador.

Justino apuntilló a los granates cuando envió a las redes un libre directo desde la frontal. Entonces se consumía la primera hora de juego. Lorenzo no llegó a un lanzamiento que se coló por su palo.

Con 2-0 en el marcador, la virtud de los locales radicó en no descomponerse y no echarse hacia atrás. Los mediocentros del Vilalbés continuaron ejerciendo una presión incansable para fundir el génesis del fútbol del Pontevedra y los centrales se acomodaron los galones de capitanes generales para abortar cada uno de los intentos quelos visitantes realizaron para exprimir el juego aéreo.

El choque murió en la orilla del tercero para el Racing. La puntería no fue la virtud local, mientras que los granates se ahogaron en la mediocridad.

Adrián Pazó se lleva un balón ante un rival que trató de arrebatarle el esférico desde el suelo, ayer, en A Madalena. óscar cela
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